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Orientaciones familiares
Aceptando una pérdida

Por Pastor Mario Vega
El Diario de Hoy
E-mail: orientaciones.familiares@navegante.com.sv

Todas las aflicciones son únicas porque cada persona es única. La aflicción que se debe afrontar al tener una pérdida puede tener diversas duraciones dependiendo de la manera en que cada persona enfrenta cada situación.

Es muy importante que la persona que vive un proceso de aflicción comience por aceptar la realidad de la pérdida. Reconocer plenamente la realidad de quién o qué se ha perdido. Este estado inicial de conmoción puede durar varios días o varias semanas después que se sufre la pérdida.

Ante la noticia de una pérdida es normal esperar la conmoción. Es la defensa inicial que Dios provee para capacitarnos para continuar con la vida bajo circunstancias muy dolorosas. La conmoción es la expresión del dolor que protege a las personas y las ayuda a sobrevivir cuando de otra manera sería imposible continuar bajo la carga emocional de la aflicción.

Esta conmoción no debe ser arrebatada por amigos bien intencionados que tratan de distraer o reprimir la expresión de las emociones. Tampoco se debe suprimir con drogas. Solamente debe dejarse que siga su curso.
La aceptación de una pérdida pasa por un enfrentamiento cara a cara.

Ver el cadáver de un ser querido ayuda a aceptar la pérdida. Por difícil que sea, impide que se niegue la realidad. Este es un punto de partida doloroso pero necesario para reedificar la vida acomodándose a la nueva realidad.

La negación es lo contrario de la aceptación. Es no querer creer que se ha experimentado una pérdida. Ante el hecho de la muerte hay personas que se niegan a reconocer la pérdida de su ser querido y mantienen la habitación de la persona fallecida tal como estaba cuando murió.

Esas reacciones son frecuentes y llegan a convertirse en una negación que puede perdurar por años. Obviamente, quien toma el camino de la negación se causa un gran daño que puede desembocar en un menoscabo de la salud mental.

En los primeros días después de una pérdida, la persona debe saber que parte de su recuperación será aceptar los sentimientos de dolor como normales y darse cuenta de la fuente de su tristeza.

En las etapas iniciales del lamento, las explicaciones lógicas generalmente no sirven de nada. Hay personas a quienes el dolor les impide pensar racionalmente. Solamente la fe en Dios y en su ayuda es algo que toda persona retiene y comprende aún en el peor de los momentos.

 

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