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Tropicana abre
Casinos fuera de control

El Tropicana reabrió hace pocos días. No tiene el permiso de la Alcaldía capitalina para operar

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Fuera de ley, sin ninguna autorización, los propietarios del Tropicana se muestran desafiantes ante los poderes del país. Foto EDH

La voz en el auricular, hace unos días, sonaba misteriosa: —Estoy viendo que en un casino que habían cerrado están metiendo máquinas —dijo el hombre. Era de noche.

—¿Cómo es eso? Si la Policía ya los cerró.
—Yo no sé, lo que sí veo es que hay movimiento por aquí.

Lo que el informante describía era una escena en pleno Paseo General Escalón, donde antes funcionaba el Casino Tropicana, cerrado por orden judicial pero abierto desde hace más de una semana al amparo de un supuesto recurso interpuesto ante la Corte Suprema de Justicia.

Es noche de viernes y la fachada del negocio aparece oscura. No hay luces titilantes que inviten a probar un poco de suerte. Pareciera que nada sucede en el interior de esa construcción situada justo al lado del Centro Comercial Villavicencio.

Pero la oscuridad de la entrada principal engaña: en la parte trasera, una calle discreta da acceso al parqueo del casino donde varios vehículos han sido estacionados. Esa entrada posterior es la misma del Tropicana de hace algunos meses; mas, al percatarse, el visitante puede darse cuenta de que está entrando a un negocio con nombre distinto. Ahora se llama Carnaval Video Atracciones S.A. Video Atracciones es el nombre jurídico de la empresa al que antes pertenecía el Tropicana y, ahora, el Carnaval.

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—Buena suerte —dice una señora de avanzada edad que se marcha del negocio. La misma frase se repite cuando se compran las monedas para comenzar a jugar en las máquinas de póquer electrónico, sólo que esta ocasión es una atractiva joven la que la expresa con cierto desdén.

En efecto, los datos del informante eran ciertos. Hay un casino funcionando en San Salvador.

—¿Desde cuándo abrieron?

La joven que sirve las bebidas responde que desde el 20 de noviembre y que “ya ve usted que puede venir a jugar, estamos para atenderlo”.

—¿Y no hay problema con la policía?

Con el mismo ímpetu responde que no, que “viera usted que estamos legales porque pusimos un recurso de amparo en la Corte Suprema”.

—¿O sea que podemos jugar tranquilos, sin problemas con la policía?

—No se preocupe… ¿algo de tomar?

El ruido de las máquinas, tragando y pagando níquel que luego ha de convertirse en billetes de dólar, sigue sonando. ¿Es un nuevo casino? ¿A cuál negocio le aceptaron el recurso de amparo, al Tropicana o al Carnaval?

¿Si el Carnaval es un casino nuevo, quién le autorizó para operar? ¿Puede la empresa Video Atracciones amparar al Tropicana y, con ese recurso bajo el brazo, abrir un nuevo negocio, con otro nombre?

Quizá lo que se observa en San Salvador es un nuevo truco de los propietarios de casinos: le cambian el nombre al establecimiento para que, según las aspiraciones de los propietarios, cualquier nueva acción legal empiece de nuevo. “Ya este casino no se llama Tropicana… se llama”, es lo que podrían decir los dueños.

El antiguo Tropicana está reabierto. El mar de ilegalidad en que nada es desafiante: ni siquiera tienen en su poder un permiso de la Alcaldía de San Salvador porque, si en algo es consistente esa municipalidad, es en negar autorización después de vencidas.

El alegato en el sentido de que las tareas del Tropicana las cubren recursos de amparo presentados ante la Corte Suprema de Justicia abre la puerta a legitimar, por lo menos en forma temporal, establecimientos que funcionan sin tener, siquiera, un permiso municipal.

¿Puede la alcaldía de San Salvador ordenar, de nuevo, el cierre del antiguo Tropicana cubierto ahora por un eufemismo? Se podría advertir que sí. Negar esa posibilidad es creer que la Comuna no podría clausurar, siquiera, un prostíbulo que opere sin ninguna autorización.

Pero, lo cierto es al amparo amparo de la noche, los jugadores vuelven a llegar al antiguo Tropicana. Los propietarios están desafiantes.

 

 

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