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¡Sí,
se puede!
Por Keneth Menjívar
E-mail: kenethmenjivar@hotmail.com
Los ganadores
ven lo bueno; los perdedores, lo malo. No me cabe la menor duda
que los medallistas de los Juegos Centroamericanos y del Caribe
son los atletas que ante la adversidad ven oportunidad.
Así es es la vida y ella también se encarga de premiar
a aquellos que ven lo que otros no, tal es el caso de Tomas Alva
Edison, quien al ser interrogado por un periodista acerca de cuántas
veces había fracasado en su intento de inventar el foco eléctrico
respondió: No fallé ninguna vez. Lo que sucede
es que fue un proceso de cientos de pasos
¿Adversidad u oportunidad?
Muchos años atrás existieron dos personajes que ante
la adversidad vieron una gran oportunidad. La Biblia nos da sus
nombres: Josué y Caleb.
En el libro cuarto, llamado Números, se narra la historia
de cómo estos dos hombres dieron un reporte favorable respecto
a una guerra por pelear para conquistar un territorio y como otros
diez dieron un reporte negativo ante la misma situación.
¿Cuál fue la diferencia? Mientras los diez perdedores
sólo miraban luchadores gigantes en el batallón contrario,
los dos ganadores vieron un territorio muy apetecible por conquistar
y la mano de Dios que estaba con ellos para pelear y comerse como
pan a los adversarios.
Mirando al invisible
En la vida diaria siempre encontraremos situaciones difíciles
que afrontar, en las cuales muchas veces llegaremos a pensar que
es imposible ganar, tal es el caso de un divorcio entre nuestros
padres, una relación sentimental rota, complejos de inferioridad
en ciertas áreas, etc.
Debemos recordar que los ganadores enfocan el problema desde un
ángulo optimista en vez de pesimista. Y al igual que Josué
y Caleb necesitamos ver lo que otros no ven, necesitamos ver la
mano de un Dios invisible que nos ama obrando a favor nuestro y
entregando los grandes problemas de la vida en nuestras manos.
Lo único que necesitamos es fe. No en nosotros, sino en Dios,
de quien proviene toda fortaleza física y espiritual para
salir adelante. El apóstol Pablo lo ponía de la siguiente
manera: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. En
Jesús, ¡Sí se puede!
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