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La columna nacional
Mensaje de asesoría para la derecha en 2002

Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La existencia aislada de un solo partido de derecha representa una ventaja que aprovecha el mismo, pero también implica una enorme responsabilidad histórica

En el espíritu de divulgación masiva y resultados prácticos que ha originado este y los pasados escritos no cabe una disertación, que no podría ser sintética, porque llevaría a confusión sobre lo que podrían ser las derechas y sus diferentes ramas, por lo que deberemos atenernos únicamente al o que por ahora existe efectivamente en nuestra realidad nacional.
Aun a riesgo de incurrir en alguna injusticia menor, dejando por fuera “algo que por ahí existiera”, vamos a establecer que actualmente sólo aparece como únicamente opción del referido signo la del partido ARENA. Otros valdrían mejor catalogarse como nuevos desconocidos o equilibristas del centro pragmático.

Lo que trae ser partido único de la derecha.
Si por un lado el hecho de ser el único puede hacer batir palmas a ciertos elementos derechistas con poca reflexión y (claro está) a los seguidores incondicionales del mencionado partido, habrá que decir, para empezar, que esta gracia o bendición constituye, por otro lado, una maldición o desgracia.

Vayamos a un ejemplo sencillo. Si usted, lector, estuviera viviendo, pongamos, por ejemplo, en un pueblecito de Austria, su conducta personal, sus ejecutorias, su cultural, quiéralo o no (acaso sea injusto) constituirían un espejo, una vitrina por la que sus vecinos juzgarían que son todos los salvadoreños, usted es, involuntariamente, un embajador en cierta forma de nuestro país. Lo que no ocurre en los casos en que pueda encontrarse a varios miembros más del mismo grupo, no digamos cuando se hallare una numerosa comunidad. En estos casos, lo bueno o lo malo no será ya enjuiciado por las actuaciones de un solo individuo, representante obligado y oficioso de otros.
Claramente, la existencia aislada de un solo partido de derecha representa una ventaja que aprovecha el mismo, pero también implica una enorme responsabilidad histórica de cara al juicio colectivo que la sociedad pueda hacerse respecto a las ideas que abandere y las actuaciones que realice. Eventualmente podría hacerle un daño tremendo al pensamiento derechista (o a las otras posibilidades del mismo), en la medida que este tal pensamiento, careciendo de otro representante se verá negado en su misma existencia, remitiendo todas las posibilidades de ser al único presente.

Pero existe además otro efecto (o defecto). Y es el de presentar, en vez de un rico, florido y variado bosque de pinos, ceibas, conacastes -al gusto de variados gustos y opiniones- la única opción de un amate (por ejemplo) en el que forzosamente tienen que ir a refugiarse todas las criaturas de la selva; su descomunal sombra, sin embargo, tiene el defecto de reunir a todos los que huimos de los depredadores bajo un árbol, siendo más inteligente y seguro que hubiera más bosque de refugio.

Aún hay más. En la medida que existieren hombres y mujeres capaces, preocupados y con el legítimo interés de influir, actuar, participar en la vida cívica y política de la sociedad y del Estado, resultaría así, a todas luces, insuficiente una estructura solitaria y limitada para poder efectivamente contestar las llamadas, los apremios y requerimientos de una población necesitada de liderazgos. No puede haber cupo suficiente. No es posible conciliar tantos pensamientos. La diversidad se pierde.
Todo lo que hemos afirmado hasta ahora no ha tenido en cuenta en absoluto ninguna observación particular relativa al partido que constituye el único ejemplar individual de esta derecha. Lo dicho es válido sin importar las cualidades del titular de ese solitario puesto. Pudiera ser el más amplio, coherente y efectivo que pudiera uno imaginarse (no lo afirmamos, supongamos, digo) y las afirmaciones de problemática indicada más arriba creemos que tendrían la misma validez.
En el último artículo de esta serie de excepción en esta columna -suya y mía- trataremos en forma específica sobre este ente político en particular, poniendo, pues, bajo la lupa, un poco de arena.
* Lic. en Ciencias Políticas.

 

 

 

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