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Rizos
y enredos de juventud
Nada que celebrar
Por Keneth Menjívar
E-mail: kenethmenjivar@hotmail.com
José
sintió una punzada en el alma y un dolor muy fuerte en el
pecho que incluso le hizo perder por un rato la respiración.
Simplemente no lo podía creer. Su novia desde hacía
2 años, le estaba haciendo una confesión que dejaría
pálido a cualquier sacerdote.
Estoy embarazada... y creo que es de Dios.
El mes era diciembre, época en la que nuestro mundo celebra
Navidad.
José, por su parte, no tenía nada que celebrar, no
había razón para tirar una docena de silbadores al
aire ni mucho menos para contentarse con destapar dos que
tres regalos. El amor de su vida estaba encinta y una cosa
era segura: José no era el padre.
Negra Navidad
A escasos días para disfrutar la Navidad muchos al igual
que José no tenemos ningún motivo para festejar.
¿Cómo se puede celebrar cuando un hermano ha recaído
en las garras del crack?
¿Quién puede reir cuando su mamá sufre? ¿De
qué puedo disfrutar en esta época cuando mis padres
se están divorciando? ¿Quién puede festejar
la Navidad con la noticia de que la novia está embarazada?
José y varios de nosotros tenemos todo para pasárnosla
moqueando en esta época.
Sin embargo, hubo algo que cambió el destino amargo de José
por uno dulce.
La Biblia narra que Un ángel del Señor se le
apareció en sueños a José y le dijo: No
temas recibir a María por esposa, porque ella ha concebido
por obra del Espíritu Santo. (Mateo 1:20)
Campanas por doquier...
Dios apaciguó la tempestad que había en el corazón
de José mediante un sueño en el que le reveló
su plan.
Aquel problema tenía un propósito, era
momentáneo, estaba destinado a probar la obediencia de José.
Las circunstancias difíciles que atravesamos en nuestro breve
peregrinar por este orbe también tienen un propósito
eterno.
Y aunque no lo podamos entender ahora, Dios tiene un plan perfecto
con un final feliz para aquellos que escuchan su voz y obedecen.
Lo más seguro es que si en esta época navideña
estás atravesando por un valle de sombra y muerte, es porque
Dios trata de llamar tu atención y hacerte entender que sólo
cerca de él tú podrás disfrutar siempre.
La historia de José tuvo un final de hadas. Tu historia también
la puede tener.
En esta Navidad, vuélvete a Jesús (el regalo de Dios
para el mundo), deja que él dirija tu vida y ¡prepárate
para celebrar aún en medio de la adversidad!
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