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Comentario
de la semana
Venezuela: el drama
Eduardo Torres*
E-mail: eduardo@elsalvador.com
El
problema en este país es ideológico, de un presidente
que desea establecer un sistema basado en el Castro comunismo, por
lo que la mayoría de nosotros (los venezolanos), haciendo
a un lado la historia y nuestras diferencias, nos hemos unido en
contra de ello, dijo Carlos Fernández, presidente de
la Federación de Cámaras de Venezuela, FEDECAMARAS,
al periódico estadounidense The Washington Post.
Se equivocan, por lo tanto, quienes afirman que el drama en esa
nación suramericana es creación artificial de los
medios de comunicación venezolanos. De hecho, la confrontación
del régimen chavista no es con los medios de comunicación
privados: es con la Iglesia, con los empresarios, con los trabajadores,
con los militares institucionales, con los ejecutivos y empleados
de PDVSA, con los medios de comunicación independientes,
en fin, contra quien no le siga al Sr. Chávez sus ilimitados
sueños de grandeza.
Recordando, al revés, una de las más grandes citas
de Sir Winston Churchill, luego de una decisiva batalla aérea
sobre el Canal de la Mancha -seis décadas atrás-,
para Chávez sería nunca nadie, en tan poco tiempo,
derrochó tal cantidad de capital político. Con la
cantidad de plata que le entró a Venezuela tras la subida
de los precios del petróleo, los venezolanos deberían
estar con muy buenas tasas de crecimiento económico, en lugar
del decrecimiento al cual los ha llevado el populismo mesiánico.
La megalomanía, una exacerbada retórica clasista,
los círculos bolivarianos y una deficiente capacidad
gerencial, según reportes internacionales de prensa y respetados
analistas, tiene a la mayoría de venezolanos no sólo
en abierta oposición al régimen chavista, pero con
franca animadversión hacia el personaje.
Es ello lo que, a mi juicio, llevó al Secretario General
de la Organización de Estados Americanos (OEA), César
Gaviria, a advertir que de no alcanzarse un acuerdo sobre la mesa
de negociación, léase elección presidencial
para principios de 2003, existe el peligro de violencia desenfrenada.
Y, ciertamente, hay que evitar tal posibilidad a toda costa.
Hora de prueba
Tremenda crisis la de Venezuela.
Tremenda crisis que pone a prueba no sólo a la OEA como organización
hemisférica, sino también a la innovadora y reluciente
herramienta denominada cláusula democrática, aprobada
en Lima, Perú, el 11 de septiembre de 2001 -día de
los infames ataques terroristas a Nueva York y Washington-, en Asamblea
General del foro regional.
Enorme mérito el del Secretario de la OEA, César Gaviria,
por mantenerse al pie del cañón en Caracas durante
todo este tiempo, a la búsqueda de una salida pacífica
y constitucional a la crisis. Pero además del mérito
por su permanencia en el lugar de los hechos, con el correspondiente
capital político en juego, es el momento del apoyo de la
comunidad internacional para alcanzar una salida pacífica
a la crisis.
No siendo la polarización buena consejera, y los periodistas
internacionales en ese país reportan un extremo de polarización
nunca visto por ellos en América Latina, la institucionalidad
democrática que como región hemos venido construyendo
durante las últimas décadas debe funcionar. En eso
estriba para mí el desafío, en eso y en evitar nuevas
víctimas o lo que sería aún peor, y Dios no
lo permita, un derramamiento de sangre de mayores proporciones.
Para quienes con consistencia hemos venido monitoreando la cadena
Globovisión, en mi caso llevó más de una semana
haciéndolo, nuestra solidaridad para los hermanos latinoamericanos
de la República de Venezuela. Precisamente a través
de Globovisión, pude darme cuenta ayer de la intensidad del
debate que se realizaba en Washington, en la sede central de la
OEA. Y del comunicado de la Casa Blanca, en el que se mostró
gran preocupación por la situación venezolana.
Dados los últimos acontecimientos, es de presumirse una mayor
presión internacional para que acepte el régimen chavista,
elección presidencial anticipada. Mi percepción personal
es que es la única salida viable de la crisis, porque deseo
fijar posición ante la gravedad de los acontecimientos en
esa nación suramericana: la salida del drama debe ser pacífica,
constitucional, solidaria y humana.
Que la luz y la razón imperen en esta hora de prueba para
la institucionalidad democrática latinoamericana.
*Licenciado en Ciencias Jurídicas y columnista de EL DIARIO
DE HOY.
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