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Pólvora deja secuelas sicológicas

En la época navideña se incrementan los niños quemados por pólvora. El resto del año las quemaduras por líquidos calientes ocupan el primer lugar

Margarita Sánchez
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

La terapia con agua a presión se utiliza para limpiar las quemadura del niño. Es una especie de “jacuzzi”. Foto: EDH

La piel de un niño quemado por la pólvora no volverá a ser igual, a pesar de las cirugías plásticas. Pero eso no es todo. Las quemaduras ocasionan graves secuelas sicológicas que acompañan a los niños toda la vida.

Margarita Saravia, jefa del Servicio de Cirugía Plástica del hospital Bloom, explicó que la estadía promedio de un niño en el nosocomio es de seis semanas, “pero el cirujano y el sicólogo lo siguen durante toda su vida”.

La especialista explicó que, gracias a las campañas de prevención, los casos de niños quemados por pólvora disminuyeron el 50 por ciento el año pasado.
“Sólo 20 niños fueron ingresados, en el 2001, en los diferentes servicios del hospital, de un total de 35 ó 40 niños ingresados el año anterior”, explicó.
El tratamiento de cada uno de estos niños cuesta al hospital más de 250 mil colones, debido a que muchos de ellos -según la gravedad de las lesiones- llegan a pasar un tiempo considerable en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). A ello se une las dosis de antibióticos, cuyo valor oscila en 500 colones cada una.

Recuperación


La doctora Saravia comenta que cuando un niño con quemaduras graves llega al hospital, referido de otro nosocomio, el equipo de médicos tiene que controlar el dolor del niño mediante una inyección.
“Antes de pedirle cualquier otro dato se controla el dolor”, dijo la especialista.
Luego, el niño pasa al quirófano, donde se le hace una limpieza de la piel, ya que en este nivel están todas las terminaciones nerviosas.

Posteriormente y dependiendo de la gravedad de las quemadura, los médicos deciden si el niño pasa a la UCI, donde los intensivistas revisan, de forma periódica, los principales órganos vitales.
La jefa del Servicio de Cirugía Plástica explica que una piel quemada produce destrozos dentro del cuerpo.

“La piel es la barrera cutánea protectora contra las bacterias y si no tenemos piel las bacterias del hospital podrían producir una sepsis (infección generalizada), ya que por dentro de la piel es un área estéril”, explicó.
En esta fase, el niño pasa al quirófano casi a diario para limpiar la piel quemada a través de un método quirúrgico. Cuando la piel está limpia se debe cubrir las partes del cuerpo donde el niño no tiene piel.

La doctora relata que en la mayoría de los países se utiliza la piel de cadáver para realizar los injertos. En El Salvador, en muchos de los casos, los padres se ofrecen como donantes de la piel de sus hijos, por la falta de donantes de tejidos.
Luego de los injertos, los niños pasan a recuperarse a cirugía plástica donde se les brinda hidroterapia (limpieza con agua), cambios de vendajes, curaciones y terapia ocupacional con dibujos y juegos.

En ocasiones, cuando los morteros son de alta potencia, los niños llegan “con los dedos colgando”.
“Cuando el niño despierta, luego que sale del quirófano, y ve su mano sólo con cuatro deditos... no hay ser humano que controle su dolor”, explicó la doctora.
Cuando los pacientes regresan a su hogar, el único daño que no se ha reparado en el hospital son las secuelas sicológicas. Algo que le acompañará el resto de su vida.

 

 

 

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