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La Ley: Glamour, rock y otros demonios
Dicen que son músicos de verdad y que no graban
discos hoy para asegurarse mañana un futuro con lujos, mansiones
y yates. La banda chilena hace un balance de su exitoso año
Sergio Burstein
Los Angeles
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
Según
Pedro Frugone, el hecho de que el disco ganador en la ceremonia
del Grammy Latino no sea un trabajo de estudio no le resta valor,
sino que se lo agrega:
El mérito es doble, porque es un álbum que fue
hecho de una manera muy fresca, como que echamos a correr el tape
y se fue la pelota. Además, no es un recopilatorio o algo
así, porque tiene tres canciones nuevas.
El unplugged fue también una suerte de prueba de fuego para
una banda que ha estado siempre muy relacionada con la experimentación
electrónica, lo que despierta el interés por saber
qué rumbo tomará la nueva placa en estudio de los
chilenos.
Hemos estado componiendo por separado, y lo que saldrá
de todo eso es un enigma, pero lo que me da confianza es que tenemos
muchas ideas, muchas canciones y muchas tendencias. Hay cosas que
suenan realmente muy minimalistas y acústicas, y otras que
suenan absolutamente electrónicas dice Frugone.
Es sabido que Vértigo (1998), el disco más electrónico
de La Ley hasta la fecha, fue cuestionado incluso por los seguidores
más acérrimos de conjunto.
Vértigo fue un disco diferente, quizás demasiado,
y ése fue el único pecado que tuvo. A veces los cambios
se agradecen cuando son dosificados, pero esto fue pasar de la calidez
musical a la frialdad electrónica.
Creo que es uno de esos discos que se convierten en joyitas en el
futuro. Por supuesto, hay gente que jamás apreciará
un tema como Fotofobia, sobre todo si les gusta la esencia de una
canción como Mentira.
Pero nosotros somos libres. A veces nos sentimos muy oscuros, y
a veces nos sentimos absolutamente dulces, melancólicos y
melódicos.
De todos modos, el unplugged le da preponderancia desde el inicio
a Invisible (1995), álbum editado tras la muerte del guitarrista
Andrés Bobe y debut discográfico de Frugone con sus
nuevos compañeros.
Creencias con ley
Cuevas es un creyente de la reencarnación, y asegura que
con el paso del tiempo uno va creando su propia religión.
Cuando Jesucristo hablaba del perdón a todo el mundo, diciendo
que incluso el peor de los asesinos podía arrepentirse, redimirse
y ser perdonado, yo entiendo eso como la oportunidad de volver a
nacer en otro cuerpo, a lo mejor inválido o como parte de
una familia que te pega, y lograr aprender de esa experiencia de
vida para poder seguir creciendo hasta llegar a Dios, al Nirvana,
a Krishna o como tú quieras llamarle, dice.
Esta forma de ver el mundo incluye también la declarada afición
del grupo por H.P. Lovecraft, creador de algunos de los textos literarios
más terroríficos y oscuros de los que se tenga noticia.
Y si bien la banda sale a escena muchas veces de negro, sus tendencias
musicales y líricas no parecen ir por un lado muy heavy.
Muchas de mis letras sí son muy fuertes, aunque estén
bajo un halo de dulzura en la melodía, responde Beto.
Apartándose de una tendencia habitual en el mercado latino,
La Ley tuvo desde el inicio de su carrera un marcado interés
por la estética, no sólo en lo que corresponde al
tratamiento gráfico de sus discos, sino también en
la apariencia misma de sus integrantes al salir al estrado.
Lo que pasa es que en Latinoamérica no existe una industria
musical. Allá, por lo general, el que lucha por la música
y le va relativamente bien tiene sólo lo suficiente como
para que su familia coma, y eso genera un resentimiento hacia el
hecho de aparentar, porque el rock es visto como el canto rebelde
del pueblo.
Cuestiones estéticas
Lo que sí es claro es que el grupo tiene cierta afición
por el glamour. No nos hemos podido sacar eso de encima, pero
tampoco es que nosotros respiremos glamour, retoma Beto. Por
ejemplo, yo no voy a los desfiles de moda en Nueva York. Pero si
vamos a una sesión fotográfica, nos gusta ponernos
algo lindo que nos quede bien. Preferimos eso a estar hediondos,
con la barba larga y no bañarnos en una semana, se
ríe.
Según él mismo, la estética depende del disco
que hayan editado en un momento determinado, y de los sentimientos
que fluyen en esos momentos: Cuando hicimos Uno, después
de que se fueron (el bajista) Luciano y (el tecladista) Rodrigo
y quedamos nosotros tres, comenzamos a entusiasmarnos con las guitarras
y a armar canciones de esa manera.
Fue como un sentimiento de mucha esperanza, y eso a nivel estético
se tradujo en luz, en cosas claras. Con el unplugged la idea era
relajarnos, ponernos en contacto con nuestros instrumentos y con
el público. Actualmente, los tres integrantes estables
del combo viven en Los Angeles
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