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Desde
Washington
EL enorme reto que enfrenta Lula Da Silva
Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
La
economía brasileña es la octava del mundo. Sin contar
a México, es casi tan grande como el resto de las economías
latinoamericanas juntas
El presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva,
no conoce el camino fácil. Y por eso no lo tomó siquiera
en su primera y corta visita a Washington esta semana.
Su campaña, en la que llevó siempre la delantera,
aterrorizó a los mercados y llevó a otros a temerun
nuevo despertar de actitudes de Guerra Fría en el hemisferio.
Aún así, en su paso por Washington, Lula no tomó
el camino fácil. En su discurso ante el Club Nacional de
Prensa, no pidió perdón por su pasado.
En cambio, habló con orgullo de su ferviente y audaz pasado
como líder sindical y de la persistencia de su Partido dos
Trabalhadores en demostrar, tal vez como nunca antes, que la opción
electoral puede funcionar para la izquierda latinoamericana.
En cuanto al futuro, aseguró que será firme en la
búsqueda de sus objetivos. Ofreció tolerancia a cambio
de tolerancia, comprensión a cambio de ser comprendido. Indicó
que tomará una ruta menos tradicional para cumplir con su
agenda social y que esperaría que Washington dejara su rigidez
y lo apoyara. Lula será su propio agente.
No hubo pavoneos, sin embargo, cuando se reunió por casi
una hora con el presidente Bush en la Casa Blanca.
La reunión fue armoniosa e inconsecuente, como son generalmente
las primeras reuniones. Pero, por extraña coincidencia, no
muy lejos de donde se encontraron hubo apagadas discordias, ecos
del tipo de disonancias políticas y económicas semejantes
a las que habrán de enfrentar en el ejercicio de sus gobiernos.
En una reunión para celebrar el décimo aniversario
de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del
Norte (TLCAN), ex líderes de la región y analistas
entonaron himnos de alabanzas al acuerdo. Pero por dos días
discutieron también sobre los puntos flacos del libre comercio.
Una encuesta emitida para la ocasión por el Centro de Estudios
Woodrow Wilson encontró que la mayoría de los entrevistados
en Canadá, Estados Unidos y México esperaba más
de lo que ha ofrecido el acuerdo. Los mexicanos, los más
negativos, reflejaron el escepticismo que provoca ahora entre muchos
en Latinoamérica el impulso de Washington de un plan similar
para todo el hemisferio.
Literalmente, a pocos pasos de esas discusiones, negociadores comerciales
trabajaron frenéticamente, incluso de noche, para al final
alcanzar el primer acuerdo comercial de Estados Unidos en la región
desde el TLCAN. El acuerdo fue negociado con Chile, cuya economía
es considerada una de las más estables y abiertas en la región.
Aun así tomó once años en materializarlo.
En ese contexto, muchos esperan que Lula asuma el liderazgo y lleve
al hemisferio por un mejor camino, aunque no sea el más fácil.
Si, como dijo el Fondo Monetario Internacional el pasado fin de
semana, Lula es efectivamente el nuevo líder del Siglo XXI,
tal vez logre convertir las disonancias de hoy en un futuro más
aceptable y beneficioso para todos.
En su breve visita a Washington, Lula dio una señal más
clara de lo que pretende. Recordó sus 20 años como
negociador laboral, incluso bajo un régimen autoritario.
Esa experiencia le resultará útil, sugirió,
para negociar una mejor integración hemisférica.
No por coincidencia Estados Unidos y Brasil compartirán la
presidencia de las negociaciones del Área de Libre Comercio
de las Américas, el plan para todo el hemisferio en el estilo
del TLCAN, que está bajo consideración.
La economía brasileña es la octava del mundo. Sin
contar a México, es casi tan grande como el resto de las
economías latinoamericanas juntas. Su mercado -con una población
de casi 170 millones-será el verdadero premio para Estados
Unidos.
Pero algunos en Washington advierten que Lula puede sobrestimar
su fuerza. Temen que su insistencia en reducir subsidios agrícolas
lo hagan demasiado intransigente y reacio a reconocer otros beneficios
potenciales, tal como el mayor ingreso al mercado estadounidense,
que llegaría con la eliminación de aranceles, incluso
si los subsidios permanecen.
Más allá del comercio, muchos esperan que Lula ayude
a inducir cambios en las políticas neoliberales promovidas
por el llamado consenso de Washington, para las que más y
más voces vienen entonando un réquiem. Uno de los
más interesados en esa posibilidad será Argentina,
su vecino del sur y principal socio comercial.
Todos están de acuerdo en que el nuevo hombre de Brasilia
enfrenta un reto enorme: Debe demostrar que un gobierno de izquierda
con promesas populistas puede gobernar exitosamente. También
deberá cumplir las enormes obligaciones financieras de su
país junto con los significativos costos adicionales de su
agenda social. Falta ver si ambos proyectos son incompatibles.
Por ahora ha mostrado a Washington que personifica una nueva, atrevida
actitud. Una actitud que, después de tres fallidos intentos,
finalmente le dio una victoria abrumadora en octubre. Muchos en
la región esperan que oponga resistencia a las presiones
de Washington e incluso le darán la batuta para demostrar
que una armonía sin disonancias es una armonía sin
el dinamismo que requiere la región.
*Columnista del Washington Post.
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