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Analizando
La reforma del examen de notariado debe ser evaluada
Francisco Rafael Guerrero*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Con gran cobertura en los medios ha sido destacado el desastroso
resultado del referido examen, el que sólo doce abogados
aprobaron con la nota mínima, de un total de dos mil veintisiete
que se sometieron al mismo.
Comentarios, los ha habido a montones, desde los que descargan la
responsabilidad en la mala preparación que se da en las universidades
y una reacción de la Corte ante ello, hasta los que afirman
que se debe repetir por haber utilizado un sistema de preguntas
y respuestas confusas, que no miden realmente el conocimiento de
los examinandos, sino una habilidad para adivinar la
clave que le impuso el programador a la hoja electrónica
de respuestas, no faltando otros que llegan al extremo de pedir
que se suprima tal requisito, porque en cada grupo resultó
aceptada la misma cuota.
No obstante, algo bueno ha quedado entre la población, incluso
altos funcionarios, que no sabían o hasta ahora se han dado
cuenta de que el notariado es una función que no está
confiada a muchos abogados, ya que dentro del lenguaje cotidiano
es frecuente escuchar expresiones como: Búscate a un
abogado para que haga la escritura o vayan donde un
abogado para que los case.
Con propiedad puedo afirmar que el número de abogados en
estos momentos supera ya los ocho mil, de los cuales no llegan ni
a la mitad los que también son notarios y, para explicarlo
en el lenguaje más sencillo, son los que hacen las escrituras
y otros documentos parecidos.
Dicho resultado es un caso de gran trascendencia para el gremio
de profesionales del Derecho, sin embargo, hasta la fecha no hemos
visto ningún comunicado o manifiesto de alguna de las nueve
asociaciones, con la sola excepción de los comentarios de
una de ellas en su acostumbrada columna semanal.
Tampoco hemos visto reacciones de las universidades del país,
que, por el contrario, ofrecen en estos días y con gran despliegue
la carrera de Ciencias Jurídicas, disputándose el
mercado del nuevo ingreso entre los bachilleres de la promoción
2002. Por supuesto que la situación es de grave impacto para
dichas instituciones y para la sociedad en general, ya que del total
de estudiantes matriculados o por matricularse en universidades
(unos 60 mil, según me dicen), un alto porcentaje ha optado
por la carrera de Ciencias Jurídicas, profesión que
llega a su culminación hasta que se es notario, tal como
está concebida actualmente en el sistema salvadoreño.
El sólo quedarse de abogado no basta.
Una cosa es la crisis en la enseñanza-aprendizaje del Derecho,
y otra es que no haya también estudiantes aplicados inteligentes,
dados a la lectura y con grandes deseos de superación, aunque
constituyan la minoría. Personalmente, conozco a un buen
número de abogados jóvenes que se distinguieron durante
su carrera estudiantil, constándome que se prepararon responsable
y concienzudamente, tanto en lo teórico como en lo práctico,
para enfrentar el examen de notariado y sin embargo, resultaron
reprobados; no obstante, su decepción no llega muy lejos
al ver el infortunio de los demás (99.4%).
Los medios también han informado que la Corte Suprema de
Justicia en pleno recibirá el informe de los magistrados
que integraron la comisión examinadora y que posteriormente
organizará un foro nacional para determinar las causas de
tal fracaso y tratar de encontrar posibles alternativas de solución.
Un mérito sí le reconozco a dicho tipo de examen y
es que elimina nocivos factores de perturbación, como los
favoritismos, tráficos de influencias y otros elementos subjetivos
que se dieron en el pasado.
Finalmente, creo que es importante aceptar la realidad que vive
El Salvador. Somos un país superpoblado, en donde está
de moda estudiar o al menos matricularse en universidades y en donde
las enormes multitudes de estudiantes son como el agua que busca
sus salidas en busca de ubicación.
En justicia, ese enorme grupo debe ser pedagógicamente evaluado
a través de pruebas que realmente midan conocimientos, habilidades
y destrezas. Ciertamente, en el pasado hubo buenos juristas y mucha
ciencia, aunque no todos fueron buenos maestros. Cada época
tiene sus encantos y sus defectos, y todo tiene su tiempo. Que no
se imponga el criterio de que ahora ya no sirve nada y que los tiempos
pasados fueron mejores. Ya lo dice la Biblia, no es de sabios
hacerse tales preguntas (Eclesiastés 7:10).
*Dr. en Derecho.
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