Turismo
 
Inicio del Sitio Miércoles 11 de diciembre
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

Analizando
La reforma del examen de notariado debe ser evaluada

Francisco Rafael Guerrero*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Con gran cobertura en los medios ha sido destacado el desastroso resultado del referido examen, el que sólo doce abogados aprobaron con la nota mínima, de un total de dos mil veintisiete que se sometieron al mismo.

Comentarios, los ha habido a montones, desde los que descargan la responsabilidad en la mala preparación que se da en las universidades y una reacción de la Corte ante ello, hasta los que afirman que se debe repetir por haber utilizado un sistema de preguntas y respuestas confusas, que no miden realmente el conocimiento de los examinandos, sino una habilidad para “adivinar” la clave que le impuso el programador a la hoja electrónica de respuestas, no faltando otros que llegan al extremo de pedir que se suprima tal requisito, porque en cada grupo resultó aceptada la misma cuota.

No obstante, algo bueno ha quedado entre la población, incluso altos funcionarios, que no sabían o hasta ahora se han dado cuenta de que el notariado es una función que no está confiada a muchos abogados, ya que dentro del lenguaje cotidiano es frecuente escuchar expresiones como: “Búscate a un abogado para que haga la escritura” o “vayan donde un abogado para que los case”.

Con propiedad puedo afirmar que el número de abogados en estos momentos supera ya los ocho mil, de los cuales no llegan ni a la mitad los que también son notarios y, para explicarlo en el lenguaje más sencillo, son los que hacen las escrituras y otros documentos parecidos.
Dicho resultado es un caso de gran trascendencia para el gremio de profesionales del Derecho, sin embargo, hasta la fecha no hemos visto ningún comunicado o manifiesto de alguna de las nueve asociaciones, con la sola excepción de los comentarios de una de ellas en su acostumbrada columna semanal.

Tampoco hemos visto reacciones de las universidades del país, que, por el contrario, ofrecen en estos días y con gran despliegue la carrera de Ciencias Jurídicas, disputándose el mercado del nuevo ingreso entre los bachilleres de la promoción 2002. Por supuesto que la situación es de grave impacto para dichas instituciones y para la sociedad en general, ya que del total de estudiantes matriculados o por matricularse en universidades (unos 60 mil, según me dicen), un alto porcentaje ha optado por la carrera de Ciencias Jurídicas, profesión que llega a su culminación hasta que se es notario, tal como está concebida actualmente en el sistema salvadoreño. El sólo quedarse de abogado no basta.

Una cosa es la crisis en la enseñanza-aprendizaje del Derecho, y otra es que no haya también estudiantes aplicados inteligentes, dados a la lectura y con grandes deseos de superación, aunque constituyan la minoría. Personalmente, conozco a un buen número de abogados jóvenes que se distinguieron durante su carrera estudiantil, constándome que se prepararon responsable y concienzudamente, tanto en lo teórico como en lo práctico, para enfrentar el examen de notariado y sin embargo, resultaron reprobados; no obstante, su decepción no llega muy lejos al ver el infortunio de los demás (99.4%).

Los medios también han informado que la Corte Suprema de Justicia en pleno recibirá el informe de los magistrados que integraron la comisión examinadora y que posteriormente organizará un foro nacional para determinar las causas de tal fracaso y tratar de encontrar posibles alternativas de solución.
Un mérito sí le reconozco a dicho tipo de examen y es que elimina nocivos factores de perturbación, como los favoritismos, tráficos de influencias y otros elementos subjetivos que se dieron en el pasado.

Finalmente, creo que es importante aceptar la realidad que vive El Salvador. Somos un país superpoblado, en donde está de moda estudiar o al menos matricularse en universidades y en donde las enormes multitudes de estudiantes son como el agua que busca sus salidas en busca de ubicación.

En justicia, ese enorme grupo debe ser pedagógicamente evaluado a través de pruebas que realmente midan conocimientos, habilidades y destrezas. Ciertamente, en el pasado hubo buenos juristas y mucha ciencia, aunque no todos fueron buenos maestros. Cada época tiene sus encantos y sus defectos, y todo tiene su tiempo. Que no se imponga el criterio de que ahora ya no sirve nada y que los tiempos pasados fueron mejores. Ya lo dice la Biblia, “no es de sabios hacerse tales preguntas” (Eclesiastés 7:10).
*Dr. en Derecho.




 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal