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La columna nacional
Asesoría para partidos nuevos, del centro y equilibristas

Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Pese a todo, en estos grupos hay mucha gente aún no envilecida, que cree que está obrando en forma “normal” y hasta moral

La importancia que desempeñan estos burgueses de izquierda intelectual en la metapolítica nacional es tan preponderante, sino más, que el del mismo P.C.

¿Qué es un partido del centro? Cuando pensamos en el “centro político”, forzosamente hemos tenido que señalar dos extremos para, a un punto equidistante entre ambos, ubicar a este centro teórico. Si lo hacemos como un ejercicio doctrinario, en un aula por ejemplo, cualquier discusión sobre extremas será completamente diferente si lo que queremos significar es la vida concreta e histórica en un determinado país. En este caso tendremos, por fuerza, que presentar esa “equidistancia” de la que hablamos, referida a las dos fuerzas que efectivamente existan en ese momento en ese país y que sean la más izquierdista y la más derechista. Sin darle más vueltas, en el nuestro, las “extremas” sin duda son el FMLN y ARENA.

De ahí que un primer resultado práctico de ser de centro es la precariedad misma de su posición política (y no digamos la ideológica), dado que la existencia de nuevos partidos más a la derecha o a la izquierda, el cambio de posiciones de los tenidos como “extremos” e incluso variaciones del pensamiento político histórico mundial pueden cambiar el susodicho centro, haciéndolo gravitar a uno u otro lado y quitándole, precisamente, lo que hacía de ese determinado partido el constituirse como tal. Ahora que si, para continuar objetivamente estando al centro esa agrupación cambia constantemente como un camaleón, chaquetea con su ideario inodoro e insípido o sencillamente se termina aliando con uno de los otros dos, entonces es que veremos que realmente el centro no es más que un espejismo, y uno de los más absurdos, una fantasmagoría alienante para minusválidos mentales. Lo que sí existe es...

El equilibrismo. En la política es el primer recurso de los ultra pragmáticos. Hay que quedar claros en que los “moderados o centristas” —alguna rara excepción de extraordinaria ingenuidad confirmaría la regla— no son sino verdaderos grupos de pragmáticos a ultranza que buscan ser grandes equilibristas. O sea gente que no le importará lo que afirme, lo que tenga que prometer o comprometerse, que tenga que apoyar hoy, y cuántos tipos de camiseta tenga que sudar, pero “la jugada” debe ser siempre estar en alto... de la cuerda floja, del equilibrista. Y lo malo no es ser práctico, ni siquiera poseer una sana dosis de pragmatismo, lo malo es que éste sea la brújula que conforma todas las actuaciones, porque luego se revela que esa práctica no obedece, sino a objetivos particulares de grupo o personales de cada uno. Han tomado el rábano por las hojas, es decir que quieren el poder por sí y para así. Los demás... allá ellos.

Lo triste de los nuevos es que “ba- bean” por convertirse en una más de las sociedades políticas. Desvergonzadamente exhiben sus “estudios” de factibilidad, sus “nichos” dentro del espectro, las encuestas en función de los residuos, las posibilidades de negociar con... (ventas, alquileres, servicios) y, claro, sus prospectos de imagen. Aunque no tengan ideario, valores, programa, ni corazón para entregar.

En parte ello se explica porque el rol que se les ha querido dar a los partidos, antes que verdaderos institutos de cultura, gestión y lucha por el poder también... han quedado sólo como maquinarias.

Pero si analizamos por qué se da esta maquinización -lo contrario de una vivencia orgánica- encontraremos que ello conviene a los que han encontrado bonancible a sus intereses el modelo de partido como una sociedad política que pueda comprarse como cualquier empresa y en la que no tengan ellos que mostrar capacidad de entregas, agallas, solidaridad, intelecto, sensibilidad y otras cualidades, porque, en todo caso pueden comprar los servicios de otros que “aparenten” tenerlos, limitándose los dueños a manejar para mayor gloria de su dios ($) un mecanismo que les allana los más altos niveles del poder.

Pese a todo, en estos grupos hay mucha gente aún no envilecida, que cree que está obrando en forma “normal” y hasta moral -tan grande es la confusión en la que nada la nación y el mundo en general-. Lo recomendable a estos partidos es simple, lógico y provisto de sentido común y moral a la vez:

1. Presentar un pensamiento claro, coherente y definido. Sin coqueteos demagógicos.
2. Más que un líder preclaro tratar de conformar un equipo variado de gente capaz y decente.
3. Evitar “salidas de payaso” o efectivismos baratos que pretendan sólo impresionar al elector.
4. Muchos donativos pequeños dan más independencia que pocos donativos grandes.
5. Ninguna fuerza política es seria si no establece una verdadera red en la población.
6. La actuación de un partido debe ser permanente y no un zombi que revive para una elección.
7. El sentimiento real, el ejemplo vivo, la autenticidad del servicio... no tienen reemplazo.
*Lic. en Ciencias Políticas

 

 

 

 

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