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Analizando
Capitalismo y sociedad

José Roberto Magaña*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La identidad nacional, el civismo, la empatía y la confianza son sentimientos buenos y necesarios para los pueblos, consecuencia normal de fomentar los valores de los hombres

Recientemente, la revista BusinessWeek publicó un interesante artículo, donde se citaba el otro gran texto de Adam Smith: “Teoría de los sentimientos morales”, en el cual el autor enfatizaba que la misma libertad económica estaba fuertemente vinculada con la cooperación, las conexiones entre las personas, las instituciones humanas y la responsabilidad social.

Dicho libro es un complemento al célebre ensayo “La riqueza de las naciones”, en cuyo contenido el filósofo explicaba cómo la libertad económica es capaz de favorecer e incrementar el bienestar de la sociedad, a través de la división del trabajo y la menor intervención del Estado.
La sociedad está compuesta por un conjunto de interacciones, por una red humana de convivencia que define su misma naturaleza: para los países son extremadamente importantes organizaciones como la iglesia, la escuela, la familia y los grupos de interés, aparte de las empresas.
Son estas asociaciones las que facilitan y fomentan los valores, contagian la sensibilidad siendo expresiones destinatarias del bienestar. En ese sentido, no se puede decir que un país maximiza sus recursos si éstos no son ofrecidos libremente, para que sus habitantes los destinen a este tipo de organizaciones humanas.

Ataca con fuerza la libertad económica, también se deben concebir la libertad de pensamiento, la libertad de culto y el espíritu de respeto a las leyes. A fin de incrementar el vínculo de pertenencia dentro de la sociedad, es vital fortalecer el acceso a la justicia y definir reglas claras, para que sus miembros tengan el potencial de participar de las riquezas que el trabajo genera sin excepción alguna. Así, defender los derechos de accionistas minoritarios, disponibilidad oportuna de la información e incentivos y cargas fiscales apropiadas son responsabilidad del Estado, puesto que posibilitan la convivencia de sus miembros, derivando en paz y armonía.

Las empresas, para garantizar su supervivencia, deben generar utilidades en el largo plazo. Esto se consigue con innovación, eficiencia e iniciativa, junto con un desempeño responsable. Se entiende entonces que las compañías, aparte de entregarle riqueza y utilidades a la sociedad (para distribuir riqueza hay que crearla), tienen una actuación socialmente correcta al interactuar sanamente con el resto de manifestaciones gregarias de los hombres, fomentar la creatividad de sus empleados y ser participantes dinámicos de su comunidad, cumpliendo las reglas del juego.

Se entiende de forma equivocada el concepto de “capitalismo” al concebirlo como un afán exclusivo por la optimización y generación de utilidades. Es un sistema que debe promover la libertad de los habitantes, donde asociaciones como iglesia, política, la educación, el arte y familia son fundamentales para su misma vigorosidad, siendo incluidas en el ejercicio diario de la actividad económica, reconociéndolas como partículas permanentes de una nación.
La identidad nacional, el civismo, la empatía y la confianza son sentimientos buenos y necesarios para los pueblos, consecuencia normal de fomentar los valores de los hombres y como tales deben ser impulsados e imitados. Pero lo mejor de todo es que dichas instituciones, siendo humanas, son la bella expresión de una misma libertad de acción.
*Miembro de la Asociación de Ex Alumnos de la Escuela Superior de Economía y Negocios

 

 

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