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Comentario de la semana
Convicción y persistencia

Eduardo Torres*
El Diario de Hoy
eduardo@elsalvador.com

Exquisito fue observar gestos de madurez, de señorío y de buen gusto, tanto en la derrota como en la victoria

“Si un mandato sale de una elección -por lo menos de la del martes en los Estados Unidos- es que la gente desea que se hagan las cosas”, dijo este jueves el presidente George W. Bush, en su primera conferencia informativa, tras las elecciones de ‘mitad de período’ en su país.

Habiendo sido declarado como el gran ganador de la jornada electoral, tras haberse lanzado en apoyo de los candidatos del Partido Republicano -‘Grand Old Party’(GOP)-, arriesgando capital político y su prestigio personal, respondió con sencillez una pregunta al decir “gracias por tratar de darme a mí el triunfo, pero son ellos (los candidatos) los que merecen todo el reconocimiento”.

Vilipendiado por exquisitos académicos, menospreciado de cuando en cuando a través de su vida, Bush, que es un verdadero animal político, en la mejor acepción posible de la palabra, se la jugó a favor de su partido, superando con creces la recolección de fondos que hizo Bill Clinton en su segundo período, reclutando personalmente, producto de una muy bien elaborada estrategia, a la mayoría de candidatos claves.

Desentrampar prioridades de su administración le pidió este jueves al Congreso, como es la creación legal, con rango ministerial, del Departamento de la Seguridad Doméstica; la reconsideración de algunas de sus nominaciones para judicaturas específicas; reducción de impuestos para dinamizar la economía y lograr la mejora de la Seguridad Social. Por primera vez, quizá para evitar rumores sobre la suerte del vicepresidente Cheney, dado su problema cardíaco-coronario, el Presidente aseveró: “Si decido correr —para 2004 en la búsqueda de la reelección—, el vicepresidente Cheney será mi compañero de fórmula”.

En el plano internacional, acción contra Iraq le demandó Bush a la ONU, luego de ocho semanas de manifestar públicamente que no iba a quedar impune Saddam Hussein al incumplimiento, durante diez años, de las resoluciones del Consejo de Seguridad. Por unanimidad aprobó ayer el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una nueva resolución que le advierte a Iraq “las graves consecuencias” que sufriría si no da “acceso irrestricto, incondicional, libre de trabas e inmediato” a los inspectores de la ONU, en lo que ha sido considerado como una nueva y gran victoria de Bush.

Carencia de mensaje

Tanto el Partido Demócrata como el Republicano son instituciones sólidas, permanentes, en la vida de su país. Las secuelas de los resultados del martes, sin embargo, no se han hecho esperar: el líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Dick Gephardt, anunció que no se postulará nuevamente para el cargo, por lo que el debate es si se erige Nancy Pelosi, californiana liberal, como su sustituta o es alguien más moderado al que necesitan.

Más allá de los intríngulis domésticos de los demócratas, la pregunta del millón, retrospectivamente hablando, es qué fue lo que les provocó tan desfavorables resultados. De ambos lados del espectro político se elogia el accionar del presidente Bush, sus índices de popularidad, el haberse arriesgado —en su primer período presidencial—. Y vaya que sí fue este un factor determinante.

Pero como observador que soy del proceso político estadounidense, pienso que también influyó fuertemente en los resultados la carencia de un articulado mensaje de parte de los demócratas. La lucha por incrustar el tema económico en la agenda nacional y local, al igual que la seguridad social y el Medicare, fueron infructuosos. Y fueron infructuosos, porque son los mismos temas con los que han venido martillando, sin renovación de mensaje, desde que Bill Clinton ganó hace diez años las elecciones. Me parece que no hubo renovación de ideas y las ideas “centristas” de Clinton —así llegó a la presidencia— pues se perciben cada día menos. El entrampamiento en Washington se les achacó a ellos.

Más que interesante continuará siendo el observar la política interna del país más poderoso del planeta, porque en una democracia consolidada, como es la estadounidense, los pesos y contrapesos garantizan la viabilidad como nación. Exquisito fue observar gestos de madurez, de señorío y de buen gusto, tanto en la derrota como en la victoria.

¡Gran lección de madurez la del pasado martes!


Licenciado en Ciencias Jurídicas y columnista de EL DIARIO DE HOY.

 

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