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¿Quién le pone el cascabel al gato?

Manuel J. Aguilar Trujillo
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Y, en otros países de La Mancha, de cuyos nombres no me recuerdo ¿Quién se atreverá a ponerle el cascabel al o a los gatos?

En la prehistoria de mi vida, vale decir, en mi lejana adolescencia, leí, no recuerdo si de Esopo, Iriarte o Samaniego, una muy interesante fábula que refería cómo un día un nutrido grupo de ratones, hastiados y preocupados por los continuos y sorpresivos ataques de que eran objeto de parte de feroz y hambriento gato, su jefe, decidió llamar a junta general, para ver cómo podrían ponerse a resguardo y a tiempo del famoso gato.

Luego de fuertes discusiones de parte de los asambleístas, alguien tuvo la genial idea de proponer se le atace a la cola del gato un cascabel, el cual, al hacer ruido, los pondría sobreaviso y les permitiría poner los pies en polvorosa, salvarse del satánico felino.

Todos, por “consenso”, estuvieron de acuerdo con tan feliz idea; sin embargo, minutos antes de que se levantara la sesión, del fondo del auditorio surgió una vocecita que preguntó: Y bien, ¿quién le pone el cascabel al gato?. Esa pregunta, como es de suponer, no obtuvo ninguna respuesta, partiendo de inmediato todos los asistentes cabizbajos rumbo a sus respectivas ratoneras.

La anterior fábula me ha venido a la memoria, viendo lo que está sucediendo en la vecina Nicaragua, en donde, no un gato, sino un Hombre, así, con mayúscula, hecho y derecho, el ingeniero Enrique Bolaños Geyer, en cuanto se sentó en el sillón presidencial de ese querido país, lo primero que hizo fue poner en práctica una de las promesas, en la que muy pocos creían, la de combatir la increíble corrupción que campeaba por sus reales durante el régimen del doctor Arnoldo Alemán Lacayo y demás corifeos, es decir, por una vez en la historia de Centroamérica, por no decir de Iberoamérica, alguien, esta vez repito, el ingeniero Bolaños Geyer, se había atrevido a ponerle el cascabel al gato.

¡Bien! por don Enrique. El pueblo entero de Nicaragua le apoya, con la notable excepción, claro está, de los buitres que acompañaron en sus depredaciones al regordete de don Arnoldo.

Este apoyo se extiende a toda la comunidad internacional que, por medio de sus representantes, le ha manifestado su total simpatía.

Y, en otros países de La Mancha, de cuyos nombres no me recuerdo ¿Quién se atreverá a ponerle el cascabel al o a los gatos?

Que el Divino Salvador del Mundo se digne a tener piedad de tanto país gobernado por voraces gatos sin cascabeles.

 

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