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Palabras
El mazo de la victoria

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

El perro -en el continuo proceso de su evolución-desarrolló el olfato, porque éste le permitió sobrevivir a través de los demás siglos en la naturaleza adversa. El olfato le facilitó detectar la carroña o la víctima nutricia a grandes distancias. El sentido olfatorio fue vital para su realización como ser, en la conquista de la vida.

Así el hombre, el perro desnudo, sobrevivió en la guerra del Génesis, gracias a sus habilidades motoras y a su aprehensión del futuro, anticipándose o previendo los hechos.

Había que trepar la ascendente escala de la evolución en una contienda inmemorial contra las especies agresoras. Entonces su habilidad aprehensora (sus manos encontraron el mazo que golpeaba, había inventado la primera arma).

De aquel garrote liberador han pasado siglos y siglos. El fuego nuclear es el paroxismo, la exaltación actual de su poder destructor... ¿Contra quién? ¿Contra la naturaleza, contra los demás especímenes agresores, o contra sí mismo?.


Día Día

Trece años después de haber colapsado el Muro de Berlín, en la ex Alemania comunista se ven edificios ruinosos, vías arruinadas, personas que no logran incorporarse al mundo del trabajo. Los alemanes occidentales han invertido y también gastado billones de billones de dólares en reconstruir la infraestructura y enseñar a la gente, pero la tarea aún está por completarse.

Hasta que no lo vea “con sus propios ojos”, nadie imagina la magnitud de la destrucción perpetrada por los comunistas en los países que caen bajo su control. Pero a la par de los daños materiales, del deterioro increíble de las ciudades, del abandono de lo edificado por generaciones previas, está el aplastamiento mental, afectivo, espiritual y social de la gente. Y esto se puede ver en las actitudes del ciudadano oriental promedio.

Una porción importante de ellos carece de los incentivos para valerse por sí mismos, no entendiendo que vivir bien es producto del esfuerzo propio: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, nos manda la Biblia. Colectiva e individualmente tenemos que ayudar a las personas indefensas y a los niños, pero esa obligación no existe hacia individuos capaces de trabajar y ganarse un sustento.

 

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