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Desde Washington
OTTO REICH EN LA CUERDA FLOJA
Marcela Sánchez
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Una
región que ahora más que nunca clama por un inte-rés
ininterrumpido, abierto y despolitizado por parte de Washington
WASHINGTON.- Las elecciones del martes 5 cambiaron dramáticamente
la balanza de poder en el Senado estadounidense, con unos pocos,
pero significativos votos. La pregunta ahora es si este estrecho
margen cambiará el destino del diplomático clave para
la política hacia Latinoamérica, y la política
misma.
En el primer año del presidente Bush, los poderes en Washington
lucharon hasta un amargo empate por la nominación de Otto
J. Reich al cargo de Secretario Asistente de Estado para Asuntos
del Hemisferio Occidental. Cuando el Congreso entró en receso,
Bush nombró unilateralmente a Reich en el cargo. Por ley,
sin embargo, el mandato de Reich termina cuando la actual sesión
del Congreso concluya a fin de año.
Con los republicanos de nuevo en control del Senado, la tentación
de resucitar la nominación es probablemente irresistible.
También lo será, sin duda, la determinación
de los demócratas de oponerse tan ferozmente como antes.
Reich podría empezar de nuevo, con mayores posibilidades
de ganar. Pero muchos temen que América Latina, casi con
certeza, no podría hacerlo. Se trata de una región
cuyas crisis se han consolidado y se han hecho más prominentes
en el último año, una región que ahora más
que nunca clama por un interés ininterrumpido, abierto y
despolitizado por parte de Washington.
El tema aquí no es realmente Reich, ni siquiera es Bush.
En cambio, afirman observadores, es la oportunidad de dejar atrás,
lo más atrás posible, las viejas pasiones que por
años han dominado la definición de políticas
hacia la región y las nominaciones de los encargados de formularlas.
Si éste no es todavía el Siglo de las Américas,
afirman, por lo menos sí es un nuevo Siglo para las Américas.
Y observadores esperan que quienes estén involucrados en
el episodio de Reich tomen conciencia de ello.
Quizás la persona que podría empezar a darle forma
a este nuevo capítulo no es Reich ni el senador Christopher
J. Dodd, el demócrata por Connecticut que ha sido el persistente
enemigo de Reich y, probablemente, liderará de nuevo la lucha
para bloquearle el paso.
Richard G. Lugar (R-Ind.), un moderado internacionalista de honda
tradición bipartidista, será pronto el nuevo presidente
del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Su llegada
marcará el fin de una era -la era de Jesse Helms-. Helms
se jubila del Congreso al final de año, después de
décadas de mantener en la Cámara Alta, prácticamente,
un departamento de estado alterno, influenciado por sus recalcitrantes
ideales conservadores.
A menudo fueron las palabras y acciones de Helms las que abrieron
las viejas heridas dejadas por las guerras centroamericanas de los
80, cuando la política estadounidense estuvo tajantemente
dividida por líneas partidistas. Su implacable antagonismo
nació en la Guerra Fría, pero se rehusó a morir
con ella, afirman sus críticos. Las realidades de la región
cambiaron y su estilo se hizo anacrónico.
También es por ese tipo de razones, creen algunos en Washington,
que una nominación como la de Reich fue, es y sería
problemática. Reich, dicen, tiene la ventaja de haber tenido
experiencia en la región, pero la desventaja de que su experiencia
lleva consigo un lastre que revive las divisiones del pasado. En
esa atmósfera nadie gana.
Como nadie gana tampoco ahora, cuando Reich mismo continúa
trayendo otras tensiones a su trabajo, concretamente su punzante
preocupación con la Cuba de Fidel Castro, ese desvanecido
vestigio de la Guerra Fría.
Reich es comprensiblemente emotivo acerca de lo que pasa en la isla
en que nació, pero sus defensores aseguran que eso no ha
influido inapropiadamente su labor en el resto del hemisferio. En
cierte manera, esa era la esperanza.
Pero apenas la semana pasada, invitado a hablar sobre la política
estadounidense hacia Latinoamérica ante la conservadora Fundación
Heritage, Reich dedicó 20 por ciento de su tiempo a hablar
de Cuba, mucho más de lo que le ocupó el tema de Cuba
en otro discurso similar a comienzos de año.
Y esta semana, cuando la Casa Blanca decidió expulsar a cuatro
diplomáticos en represalia por un caso de espionaje cubano,
entre ellos estaba Gustavo Machín Gómez, quien ha
sido el contacto de la comunidad de negocios y del Capitolio estadounidenses,
que buscan levantar algunas de las restricciones comerciales a la
isla. Reich todavía espera que dichas restricciones ayudarán
a forzar a Castro a que abandone su cargo.
Durante el breve período de Reich en ejercicio, la región
ha tambaleado más con eventos en Argentina, Brasil, Colombia
y Venezuela. Aún así, Reich parece contentarse, si
mucho, con ofrecer las mismas viejas prescripciones. O peor, parece
estar desconectado de los tiempos, tiempos que claman por un nuevo
enfoque y que confirman que los resultados del martes realmente
podrían marcar la diferencia.
*Columnista del Washington Post.
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