| |

La
nota del día
No quedan justicias por inventarse
... para mí el problema de fondo más grave
es: qué país estamos construyendo y yo no veo, no
veo que estemos haciendo un país en el que la justicia sea
el eje, en el que el hombre esté en el centro de la preocupación
del Estado...
Obispo Rosa Chávez en TCS 11/6/02
No es pensable una justicia que no pase por la ley, que no se pueda
definir y aplicar siguiendo reglas precisas. De tiempo en tiempo
se nos habla de justicias que nadie puntualiza y, por lo mismo,
quedan en la esfera de las conjeturas, los deseos y las quimeras.
Todos clamamos por la justicia, pero se llega a ella cumpliendo
normas claras e inequívocas.
Nuestra civilización -la cristiana, la occidental, la propia
de los países desarrollados-se fundamenta en un Orden de
Justicia, o de Derecho, que a su vez tiene sus raíces en
una tradición que se remonta seis mil años hasta los
sumerios y los egipcios, pasando por la jurisprudencia romana.
De esa tradición nacen las grandes instituciones del mundo
actual, las que a su vez han dado cuerpo a las legislaciones de
los países avanzados en los cinco confines de la tierra.
No quedan justicias por inventarse, conjuntos de principios morales
y jurídicos que difieran de lo que es el Derecho consagrado
del Primer Mundo.
De allí la confusión que las expresiones del obispo
Rosa Chávez suscitan. ¿A qué justicia
se refiere, distinta a lo que en forma no del todo perfecta ya tenemos
en nuestra Constitución y códigos? ¿Sería
posible armar un esquema de justicia, que contradiga lo que ya se
tiene y con grandes sacrificios se ha ido perfeccionando? Y si no
lo contradice, ¿no resulta redundante, inútil?
Hay más.
Al no definir, y dejar en la esfera de lo subjetivo, de las nubes,
una justicia que sea eje de nuestros afanes, ¿no nos exponemos
a que cada persona, cada grupo, defina por sí mismo lo que
es justicia? Al suceder tal cosa, en vez de llegar a
la armonía general, a la felicidad colectiva, caeremos en
el caos, lo que ahora no ocurre porque, mal que bien, hay un Orden
Jurídico que la gente de bien acepta y respeta. Puede haber
discrepancia y rechazo a determinadas disposiciones, o repugnancia
por la conducta de ciertos jueces, pero se reconoce la supremacía
de la ley en nuestras vidas.
El progreso es resultado del Derecho
Ese Orden de Leyes es lo que hace del hombre el centro de preocupación
del Estado. Y quienes quieren esclavizar al hombre se conjuran para
destruir la legalidad e imponer el capricho, los fanatismos y los
odios como los factores determinantes de la vida pública.
La agresión enloquecida del comunismo contra Centro-América,
los grupos de terror que operan en el mundo, los fundamentalistas
islámicos, todos se confabulan precisamente para arrasar
con lo que es causa y esplendor del mundo contemporáneo:
sus instituciones jurídicas, derivadas a la vez de principios
morales. Un Orden de Leyes igual en sus rasgos fundamentales rige
en cien naciones. Los pueblos pobres lograrán su progreso,
en la medida en que consigan gobernarse bajo ese Orden de Derecho
de la Civilización.
Ya vimos, en estos días, las nefastas consecuencias de atropellar
la ley y hacer escarnio de la moral. Huelgas ilegales, desorden
callejero, pisoteo a las leyes, enfermos abandonados.
|
|