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BOICOT Y PATRIOTISMO

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Salvadoreños, este es el momento de cerrar filas alrededor de la bandera azul y blanco, olvidán-donos de las diferencias y de los colores políticos: El Salvador nos necesita para que los XIX Juegos Centroamericanos, de los que orgullosa-mente somos la sede, no se vean enturbiados

Era lógico que Fidel Castro esperara el momento propicio para darnos una buena bofetada, ya que viene almacenando una larga lista de rencores por cobrar: Que el presidente Flores se le enfrentara en Panamá, como muchos hubieran querido tener el valor de hacerlo; que El Salvador acuerpara la resolución de la ONU contra Cuba; que Flores no asistiera a la Cumbre de La Habana, son algunos ejemplos. Y taimada y astutamente, el comandante Castro abrió su freezer, con toda la bilis acumulada y nos dio el zarpazo al no permitir que los atletas cubanos vengan a los Juegos Centroamericanos, aunque los 800 delegados ya estuvieran inscritos. Y como al recurrir a la mentira las razones sobran, las excusas del mandatario comunista no necesitan ningún respaldo. Pero logró vengarse al darnos donde más nos duele.

¡Con qué ilusión el país entero se ha preparado durante todo el año para la celebración de estos Juegos, en que nos cabe el honor de ser anfitriones! Todas las dependencias del Estado involucradas hicieron sus mejores esfuerzos, y los salvadoreños hemos visto con entusiasmo las mejoras que se han hecho en la ciudad, para presentar su mejor rostro. Ni qué decir de los atletas y sus familias, poniéndose en la mejor forma para lograr las medallas que premiarán sus esfuerzos.

La decisión de Fidel nos ha dejado como novia de rancho, vestida y alborotada, con los colochos hechos, como niño vestido de piñata y que le quitaron el dulce. Sentimientos de frustración, esfuerzos por buscar en los países amigos, mediadores que intenten convencer al césar de verde que no prive a sus atletas de una de las pocas compensaciones que pueden tener, al haber perdido el gran don de la libertad. En las pocas semanas que faltan, se están agotando todos los esfuerzos para lograr que vengan los cubanos y que los Juegos resulten un éxito que merecemos todos.

¿Cómo podemos calificar la reacción de algunos que se dicen salvadoreños, que en este momento alzan su voz para ponerse del lado de Castro y en contra de su Patria y de sus hermanos? Organizaciones magisteriales y grupos ligados a los huelguistas del ISSS han amenazado con acciones contra la realización de los Juegos, y una dirigente de Alianza Ciudadana, que aglutina a organizaciones sindicales, aseguró con arrogancia que “no van a permitir ni siquiera que entre la antorcha al país” (¡Pobre Mágico González, que soñaba llevarla!).

Estos sentimientos (o resentimientos) hablan por sí mismos y desenmascaran las intenciones de los agitadores: no saben de patriotismo, no les interesa el bienestar del pueblo, no aman a la Patria porque la desprestigian y contribuyen a que su imagen se deteriore. ¿Todavía habrá quien les crea que están trabajando a favor del pueblo? El cerrar calles de acceso ha dañado a la gente con menos recursos, a esa heroica clase trabajadora que no se puede dar el lujo de faltar a sus labores para apoyar paros, porque vive de su sueldo y valoriza su trabajo. Y gracias a los bochincheros han tenido que caminar o gastar más en transporte para poder cumplir con sus obligaciones.

Ésta es una oportunidad de oro para conocer las intenciones de estos dirigentes, que, en el momento en que la patria los necesita, no sólo le vuelven la espalda sino que se dan el lujo de insultarla. En la época de la guerra, en muchas empresas y comercios del sector privado se había puesto un cartel que se leía: “La patria pujante y victoriosa puede abandonarse, pero cuando está herida, acosada y adolorida, no se le deja nunca”, que era un vibrante toque de atención, que al leerlo nos hacía erguir el pecho y levantar los hombros, para poder ver, con los ojos de la fe, un mañana mejor lleno de esperanza y de prosperidad.

Salvadoreños, este es el momento de cerrar filas alrededor de la bandera azul y blanco, olvidándonos de las diferencias y de los colores políticos: El Salvador nos necesita para que los XIX Juegos Centroamericanos, de los que orgullosamente somos la sede, no se vean enturbiados por el capricho de un dictador que nos odia. Sintámonos orgullosos, porque hemos trabajado duro y, a pesar de la guerra y de los terremotos, y gracias a nuestra fortaleza, la Universidad Nacional estrena un campus dotado de una Villa Olímpica moderna; nuestras instalaciones deportivas, muchas de las cuales se veían deterioradas, tienen hoy un nuevo rostro y abren sus brazos para recibir a los atletas de los países hermanos que llegan a compartir una actividad que ha llevado alegría al mundo en una tradición milenaria, iniciada por los griegos en la ciudad de Olimpia, en honor de Zeus, el padre de los dioses. Hablar de boicotear esta actividad, que debía ser sagrada, es hablar el lenguaje de los traidores.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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