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La nota del día
El Ejecutivo acepta el plan de H. Silva

Es evidente que el Ejecutivo, al igual que Silva, no está aferrado a un proyecto y, por tanto, concibe hacerle los cambios y adaptaciones que en la mejor manera logren el buen propósito

El presidente Flores aceptó la propuesta hecha por el alcalde Héctor Silva de formar una comisión que analice las reformas al sistema de salud y dar fin a la huelga que tantos perjuicios ha causado a los enfermos en el país. Como dice el alcalde Silva, es imprescindible sentarse “civilizada y razonadamente” a analizar la situación y plantear cambios necesarios en beneficio de la colectividad.

Todo fluye, enseñó el filósofo Heráclito, lo que obliga a adaptar, cambiar, hacer reformas e incorporar nuevas ideas a prácticas e instituciones. La iniciativa del Ejecutivo con respecto al Instituto Salvadoreño del Seguro Social es una muestra de gran responsabilidad de parte de la Presidencia, de cara a un organismo clave para el bienestar de los trabajadores salvadoreños: las cosas se tienen que ir mejorando y ajustando con el tiempo. No hacerlo es exponer el sistema a un eventual colapso y/o al encarecimiento asfixiante de sus servicios.

Por desgracia, la respuesta de un número de médicos y sindicalistas es cerrada y tremendamente perjudicial. Lo que pretenden es petrificar la situación administrativa y operativa del ISSS, para mantener privilegios personales, prácticas corruptas y mamandurrias. Y con el decreto que de manera atolondrada aprobó la Asamblea, se pretende nacionalizar (léase burocratizar) la totalidad de los servicios de salud de la Nación, incluyendo la práctica privada de los médicos. Siendo consecuente con la responsabilidad mostrada por el presidente Flores, no cabe otra cosa que rechazar el decreto o devolverlo con observaciones sustanciales.

Silva se ofrece, lo asegura, por el interés que siempre tuvo por las cuestiones de salud, tema “que me hace vibrar”. Es obvio que también se da cuenta de la grotesca y repugnante incongruencia entre pretender (los sindicalistas) “velar por los intereses del pueblo”, pero abandonar a los enfermos e inclusive dejarlos morir. Ninguna buena, civilizada, sensata solución puede salir de la violencia callejera y de la violencia contra niños a los que se niega tratamiento. Ningún camino positivo se puede brindar a los directamente involucrados, cuando éstos se dejan instrumentalizar por el Partido Comunista y las más cavernarias mentalidades.

Hay que aferrarse a la sensatez y a la moral

Silva habla de buscar soluciones “civilizada y razonadamente”, o sea como seres pensantes, como personas con un grado de conciencia moral y que además buscan lo mejor para sus connacionales. No encaja esto con la actitud del Mullah Omar, que mandó destruir los budas de Kandahar por dictárselo así la doctrina del Siglo Sexto. Pero sí concuerda con los planteamientos y el estilo del Ejecutivo, que acepta el reto y pone su voluntad en crear una comisión para que pensando, no agrediendo enfermos, articule un plan de salud más eficiente.

Es evidente que el Ejecutivo, al igual que Silva, no está aferrado a un proyecto y, por tanto, concibe hacerle los cambios y adaptaciones que logren el buen propósito. Lo que se desea es obtener mayor eficiencia, acabar con la corrupción y los indebidos privilegios y sinvergüenzadas, dar servicios superiores y más oportunos a los pacientes, los “derechohabientes”. Lo que importa no es tanto el esquema formal, de si es “del pueblo” o si es suministrado por un grupo independiente, como ahora con la lavandería; lo fundamental es que la gente sea curada y bien atendida, y reciba lo que corresponde a su contribución.

 

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