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Pestilencia no es sólo de porqueriza

Sonsonate. Apesta pero el dueño niega la contaminación. La Alcaldía señala el hecho, pero olvida las aguas negras

Érika Prado
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com

Para comprender la gravedad de los problemas que causa una porqueriza instalada en la entrada a San Julián, hace falta vivir cerca. Muchos de los pobladores de la zona se quejan de los malos olores que llegan a sus hogares. No debe ser fácil almorzar mientras se soporta la pestilencia.

Pero algo más huele mal en la zona. La porqueriza se ha convertido en centro de un torbellino de acusaciones. Varias organizaciones han organizado protestas donde ha intervenido la Alcaldía del FMLN. Cierre de carreteras, concentraciones y otras actividades se han repetido en el sitio.

El propietario del lugar, Ing. Paulino Maximiliano Portillo, afirma que “está terminando todas las observaciones que le hizo el Ministerio de Salud, pero que las protestas que realizan son parte de las actividades que el alcalde promueve para ganar las próximas elecciones”.

Nudos

La porqueriza se encuentra en la salida hacia Sonsonate, en una zona poblada. Su propietario considera que las acciones de protesta realizadas son para llamar la atención. Según expresa, hace ya algún tiempo, personas del FMLN movieron los linderos de su terreno y, al entablar un proceso judicial, fueron condenados a prisión, aunque al final conciliaron.

La granja funciona desde hace 18 años. En 1994, la Unidad de Salud le extendió un permiso, aunque advertían que tenía que aplicar medidas para evitar la contaminación.

En 2000, el Ministerio del Medio Ambiente extendió una autorización para un año, que sería renovado si cumplía con algunos requisitos, como el monitoreo de emisiones de olores provenientes de los desechos.

Portillo Herrera afirma que está por terminar de cumplir las observaciones y que una planta de tratamiento estará terminada al final de año.

Un sistema de riego usaría el agua tratada para regar cultivos de ornamentales y pastos.

Dos causas

Iván Ernesto Rivas es el edil de San Julián. Expresa que los ministerios de Salud y Medio Ambiente no han solucionado el problema. Señala que la porqueriza contamina el río Apantes. Pero a ese cauce también llegan las aguas negras de la ciudad, que desembocan en un punto situado a inmediaciones de la porqueriza.
El alcalde expresa que no hay fondos para construir una planta de tratamiento de aguas negras.

Pero insiste en que la granja de cerdos debe ser cerrada y anuncia que emitirá una ordenanza para que ninguna granja pueda funcionar a menos de dos kilómetros del radio urbano.

Llama la atención que la granja funciona pese a que desde 1994 , la Unidad de Salud no le ha renovado el permiso. Según el doctor Ernesto Altamirano, director de la dependencia, lo renovarán hasta que el dueño cumpla con los requisitos.

Admite que reciben muchas quejas por los malos olores. Hay un caso de una niña vecina de la zona que padece irritaciones en la piel y requiere terapias respiratorias. No se ha definido que la causa directa sea contaminación provocada por la granja. De ser así, el doctor Altamirano considera que “sería un punto desfavorable para el dueño de la granja”.

18 años Hace casi dos décadas funciona la granja. Aún no cuenta con permisos definitivos de Salud y Medio Ambiente.

El interior de la granja

Las condiciones de una granja de cerdos, lejos de lo que muchos consideran, no siempre son sinónimo de suciedad.

- El Diario de Hoy recorrió la porqueriza y pudo apreciar que en el interior hay mucha higiene.
- Es notorio sí el fuerte olor a alimentos concentrados.
- Los malos olores se perciben al acercarse al punto del río en que desemboca el agua de la planta de tratamiento de la granja y las aguas negras de la ciudad.

 

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