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Opinando
Apoteósica inauguración, bofetada a
Castro y a los fidelitos criollos
Manuel J. Aguilar Trujillo
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
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No se necesita ser un Nostradamus, un San Malaquías, adivino
o gurú, para que los que moramos en la gran llanura, nos demos
cuenta de que luego del viaje que hicieran, como turistas claro está,
nuestros fidelitos criollos a La Habana, capital de la otrora Perla
de Las Antillas, a recibir la luz del icono de farabundistas,
sandinistas y chavistas, el carismático anciano comandante
Fidel Castro Ruz, éstos, los turistas, vendrían, entusiasmados,
a poner en práctica esas órdenes, que no eran más
ni eran menos, que desestabilizar al Gobierno de El Salvador, sabotear
los XIX Juegos Centroamericanos y del Caribe, y preparar, a su favor,
claro está, las próximas elecciones, que ya se divisan
en el dintel de la puerta.
Para tal fin, lo primero que hicieron fue apoyar, en forma entusiasta,
la huelga de los galenos y sindicalistas del Seguro Social, sin importarles
un bledo que esa huelga, que ya no tiene razón de ser, ha dejado
en el desamparo a millares de no sólo asegurados, sino enfermos
de casi todos los centros hospitalarios del país: Ancianos,
hombres, mujeres y niños, creyendo en forma tontamente maquiavélica,
que así traerán mucho trigo a sus molinos.
Sin embargo, el tiro les salió por la culata, pues, pese a
las falsas consignas que la lucha era en contra de la privatización,
a favor del pueblo, etc., está demostrado de sobra
que ese pueblo desde hace ya lenguos años ya no comulga con
ruedas de molino ni le gusta que se le dé atole con el dedo,
tal como lo demostró el sábado veintitrés de
noviembre, cuando, en el recién hermosamente remozado Estadio
de la Flor Blanca, se reunieron, además de las delegaciones
de los treinta y un países participantes, millares de salvadoreños
de buenos salvadoreños, apoyo no de ARENA ni al
señor presidente Francisco Flores Pérez, sino a El Salvador,
en apoteósica manifestación de patriotismo, libre de
partidismo político o religioso, todos eran y son buenos salvadoreños
que aman su Patria y no siguen consignas extranjeras en contra de
ella.
El Divino Salvador del Mundo se ha apiadado de su tocayo El Salvador,
de su pueblo, y le ha abierto los ojos para que conozca en dónde
se encuentra la verdad y en dónde se agazapa la mentira.
La inauguración de los XIX Juegos Centroamericanos y del Caribe
fue sonora bofetada para don Fidel y sus entenados, los fidelitos
criollos.
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