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Tema
de actualidad
Pacientes rehenes, algunas consideraciones
Carlos Mayora Escobar*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Hay error al establecer el monopolio de la acción penal
y la investigación. Todo monopolio alienta dudas y desconfianzas
y en esta materia crecen
Al plantearse el problema de la huelga médica, surgen algunas
interrogantes: ¿Es ético o no el abandono organizado
de la atención a los pacientes, siendo dicha atención
el objetivo esencial de ser médico? ¿Quién
tiene el derecho a convocar a una huelga médica? ¿Por
qué motivos? ¿Cuál debe ser su intensidad y
duración?
Es de sentido común que una huelga médica no es la
solución ideal a un conflicto laboral, y debe ser siempre
el acto final de un proceso de negociaciones en las que no se logró
llegar a un acuerdo. Tal como se contempla en la ley.
La huelga médica es una acción con características
únicas. Así, vemos que, en una huelga empresarial,
quien pierde es la empresa al parar la producción, y lo que
se pierde es, principalmente, dinero. En una huelga de médicos,
en cambio, el damnificado es el paciente, víctima inocente
e indefensa de quien no depende en absoluto la solución del
conflicto. Dicho de otra manera, el paciente es tomado injustamente
como rehén. Quizá lo ideal sería organizar
un sistema de arbitraje preventivo para que las huelgas médicas
nunca se produjesen.
Aunque el derecho a huelga se encuentra dentro de los derechos humanos
fundamentales, y como tal es un logro de la justicia social, también
se presta a abusos, por lo que se debe organizar dentro del marco
jurídico señalado en el Código de Trabajo y
la Ley Fundamental de la República, a fin de resguardar el
Estado de Derecho propio de un país civilizado.
Una huelga es un fenómeno colectivo, gregario, fácil
de manipular por los dirigentes que utilizan consignas, presiones,
amenazas, coacción moral, piquetes de bloqueo que impiden,
a los que no están de acuerdo, el acceso al lugar de trabajo,
y hasta amenazas y daños personales. Todo lo anterior siguiendo
una técnica ya comprobada, demuestra cómo, en
estos casos, los huelguistas actúan visceralmente y no con
base en decisiones ponderadas, reflexivas y éticas.
Una axioma ético irrebatible es el siguiente: una huelga
médica total (o sea el abandono total del hospital y de los
pacientes) es absolutamente inmoral, sea cual sea el motivo de la
misma. Para algunos estudiosos de la ética, la huelga médica,
sea del tipo que sea, nunca se justifica.
Esto se basa en el hecho de que, para el médico, la atención
de un paciente individual, personal y real es un deber ineludible
por el simple hecho de ser médico. El servir puntual y fielmente
al paciente, proteger su vida y su salud es una obligación
profesional de justicia y de conciencia, de tal modo que quien no
la ejerce violenta o bien la justicia, o su conciencia.
Otros estudiosos opinan que una huelga médica puede justificarse
bajo las siguientes condiciones: sólo si es parcial, de tiempo
limitado, de corta duración. Otro requisito ineludible a
la hora de juzgar la eticidad de una huelga es que los pacientes
hospitalizados y las emergencias deben ser atendidos de forma óptima.
Los motivos de la huelga deben ser en este caso: mejorar condiciones
de trabajo de los trabajadores de la salud, mejorar salarios y mejorar
condiciones de atención a los pacientes. Pero nunca se puede
justificar una huelga médica por razones meramente políticas
de partidismo, como instrumento de presión.
Por otro lado, en una huelga parcial, por bien organizada que esté,
siempre habrá pacientes que sufrirán daños
diversos, incluyendo la muerte.
En más de cuarenta años de ejercicio profesional como
médico ginecólogo: en el Hospital Nacional de Maternidad;
en el Hospital Materno Infantil 1o. de Mayo, del ISSS; en mi práctica
privada y como profesor de mi especialidad por más de veinte
años en la Universidad de El Salvador y actual profesor titular
en la Universidad Dr. José Matías Delgado, nunca había
contemplado una huelga médica como la actual...
Pienso que el médico nunca debe olvidar que el ejercicio
de la medicina tiene como punto de partida la relación médico-paciente,
en la que coinciden una confianza y una conciencia. Si el médico
pierde su conciencia, el paciente pierde la confianza, y no queda
nada. El médico, entonces, pierde su identidad y deja de
ser médico, y pasa a ser cualquier otra cosa de cara a los
pacientes y de cara a la sociedad.
*Médico ginecólogo.
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