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La
nota del día
Bloquear y destruir: estrategia izquierdista
Los cabecillas de todo este relajo tienen los suficientes contactos
con la internacional del terror, como para intentar lo que una de
sus activistas expresó: dar fuego al país
Ya se la encontraron. Grupos de delincuentes se han dado a la tarea
de cerrar calles con el propósito de obstaculizar el tráfico
en vías públicas y carreteras, atropellando el derecho
ciudadano a la libre circulación. No sólo en los alrededores
de hospitales y clínicas del Seguro Social, sino en prácticamente
cualquier punto de la ciudad, sujetos no identificados y con frecuencia
cubiertos con pasamontañas, colocan lazos, se ponen a media
calzada y generan enormes atascos de tráfico.
El lugar preferido para montar desorden es en las cercanías
del Hospital de Especialidades del ISSS, donde individuos que visten
gabachas blancas, casi a diario bloquean un gran trecho de la Alameda
Juan Pablo II, desquiciando la circulación en las horas de
mayor afluencia. Al hacerlo retrasan la llegada de empleados y trabajadores
a sus empresas y oficinas, incrementan la contaminación del
ambiente, provocan el desgaste de automotores, y recargan calles
y avenidas. Todo esto, a su vez, entorpece la producción,
el comercio y afecta el bienestar y la seguridad de la población.
Desquiciar las actividades económicas, reducir los niveles
de empleo, encarecer la vida y desesperar a la gente, ha sido y
sigue siendo la estrategia de los comunistas para avanzar en sus
objetivos políticos. Mientras peor esté el país,
mejor para ellos.
Con el paso de los días la ruindad de los médicos
y sindicalistas en huelga se va incrementando. Dos pacientes que
estaban en sala de cirugía a punto de ser intervenidos fueron
sacados de allí por orden de un sujeto que funge como jefe
de enfermeros. Al paso que van las cosas, los encargados de la limpieza
y muy pronto cualquier empleado, van a impedir que se realicen tratamientos
o dispondrá cerrar pabellones. Con el repugnante ejemplo
que dan los médicos, sólo Dios sabe lo que terminarán
por hacer los barrenderos del Seguro Social.
¿Cómo podrán los Mata, los Alfaro y sus secuaces
poner más presión sobre el país? Ya que no
resulta suficiente abandonar pacientes y cancelar tratamientos a
enfermos crónicos, ni cerrar el tráfico en las ciudades
y carreteras, bien pueden tirar a los niños de las incubadoras
en la acera, o envenenar las fuentes de agua, o dinamitar escuelas.
También pueden usar como kamikazes a los enloquecidos que
están entrenándose en la UES. Los cabecillas de todo
este relajo tienen los suficientes contactos con la internacional
del terror, como para intentar lo que una de sus activistas expresó:
dar fuego al país.
Los pobres son los escudos humanos
Pero la gente comienza a darse cuenta de que las principales víctimas
de los sindicalistas son los pobres, los que no tienen recursos
para ir a clínicas privadas, los que se transportan en buses
y microbuses, los que quedan en la calle cuando cierran empresas
y se paralizan las inversiones.
Empleados y personas de bajos ingresos son precisamente los que
padecen los deficientes servicios del ISSS, los que tienen que esperar
seis meses para que los vea un especialista, los que ahora no pueden
recibir sus tratamientos. Los pobres son la carta negociadora de
los huelguistas, que para mantener sus mamandurrias y robos, no
vacilan en utilizarlos como escudos humanos.
La oposición cerrada contra la privatización
sólo busca impedir que la gente tenga alternativas, que sólo
disponga de un palo donde ahorcarse y no pueda comparar
el mal servicio con uno superior.
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