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De
hurgar basura a empresaria
Su
infancia la pasó en medio de la basura en busca de latas
y desechos reciclables. Gracias a un crédito hoy estudia
y sueña con ser empresaria
Pedro Rodríguez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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María del Carmen
Santos afirma que su sobrina, Ana Aracely, ha cambiado su
estilo de vida y tiene una mejor relación con otras
personas desde que dejó el trabajo de hurgadora.
Foto EDH/ Antolin Escobar
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Ana Aracely Díaz, de 16 años, quiere dirigir una
empresa cuando sea mayor. Desde niña trabajó hurgando
el basurero del cantón Cutumay Camones, de Santa Ana, en
busca de lata y cartón para vender por libra y llevar el
aporte a su hogar.
He trabajado para ayudar a mi abuela. Mi madre murió
cuando estaba muy pequeña. Mi padre es sastre, pero desafortunadamente
nunca le alcanzaba el dinero para comprar materiales y trabajar
en la casa, comenta en el patio de su vivienda, en la comunidad
Amayito.
Ana Aracely afirma que nunca fue presionada por su familia para
ir al basurero a ganar unos cuantos colones. Al contrario, junto
con su hermano Melvin Dionisio se disputaban el terreno en busca
de los desechos reciclables.
Pero no todos los días eran buenos. A veces regresábamos
a la casa sin dinero, cansados y con hambre. Lo más triste
es que mi abuela nos esperaba con dinero, dice la adolescente.
No conoce la diversión y el trabajo le quitaba el tiempo
para jugar con su hermano. Afortunadamente, nunca dejé
la escuela y este año terminé el noveno grado,
señala muy orgullosa.
Dejar el trabajo
Para Ana Aracely no fue nada fácil aceptar la oferta que
le proponían los representantes del Programa de Erradicación
del Trabajo Infantil en sus Peores Formas (IPEC), porque le iba
a coartar la forma de ganar dinero para llevar a su casa.
Su padre, José Dionisio Díaz, de 47 años, tampoco
creyó todo lo que expusieron los promotores. Le hablaron
de facilitarle crédito para trabajar en su oficio, de donarle
material educativo y uniformes a los niños para que no abandonaran
la escuela. Su abuela, Tomasa Santos, de 76 años, no opinó
en el momento.
María del Carmen Santos, tía de Ana Aracely, afirma
que el crédito de tres mil colones se hizo efectivo. La niña
y su hermano se retiraron del basurero.
Mi sobrina viste mejor. Ha cambiado su forma de relacionarse
con las demás personas y se mantiene muy activa, gracias
a la ayuda que les brinda el sicólogo, dice.
Ana Aracely ya no quiere saber nada del basurero. Quiere estudiar
mucho para dirigir una empresa cuando sea mayor.
Su esperanza es que el programa siga adelante y que no los vaya
a dejar a medio camino. De momento, 77 niños de Santa Ana
son testigos de que están en el camino hacia un futuro mejor.
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