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Hablar
por hablar
Hace
poco leía unas palabras de José Luis Martín
Descalzo que decía: Si hay en el mundo algo especialmente
difícil y para lo que, sin embargo, nos sentimos perfectamente
preparados, es el arte de criticar.
Por Telena
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
Hablar
mal, criticar, juzgar, condenar o como diría Miguel Bosé
de aquella canción suya Hacer por hacer, hablar
por hablar.
Me ha llamado la atención un aspecto con todo el alboroto
publicitario en torno a la cinta de El crimen del padre Amaro:
que hay un regodeo en ver cómo una persona cae.
No voy a entrar en la discusión de que si es cierto o no
lo que la película plantea. Me ha preocupado otra cosa y
es que últimamente parece que nos alimentamos del morbo.
Por un lado un noticiero anuncia con bombos y platillos el hallazgo
de unos brazos tatuados y por otro, te encuentras con revistas que
te venden historias de los famosos con finales tristes.
Ellos caen y nosotros lo disfrutamos.
Por desgracia este morbo también está cerca de nosotros.
No falta alguien en el trabajo que celebre tus caídas, que
no se pierda un capítulo de tu vida sobre todo si es aquel
en el que el jefe te humilla.
Basta con cualquier ocasión en el que uno tenga más
poder sobre el otro para sacar al tirano que llevamos dentro.
Disfrutamos -enfatizo, disfrutamos-, cuando humillan al prójimo,
cuando se equivoca, cuando va a parar a la cárcel, cuando
pierde su trabajo o su puesto, cuando cae en las drogas, cuando
lo deja el novio o la esposa, cuando tiene un accidente y hay quienes
llegan a celebrar una muerte. ¿Qué estás construyendo
dentro de ti? ¿Qué familia construyes? ¿Qué
país? ¿Qué mundo?
Al santo se le ridiculiza, al que quiere mantenerse honrado se le
insulta, al honesto se le castiga, al fiel se le hace burla. Si
una persona está haciendo un gran esfuerzo por cambiar y
ser mejor pronto se le sacan sus defectos y se le desalienta.
Y después nos quejamos. Decimos que este mundo no lo aguantamos
con tanta violencia y tanto odio. Nos preguntamos del porqué
de tantas familias quebradas, parejas separadas, niñas violadas,
por qué tantos asesinatos, por qué del terrorismo.
¿Por qué, pues, tanta zaña?
Se cosecha lo que se siembra. Y tal vez este sería el momento
para preguntarte ¿Hacia dónde llevo mi vida?, ¿Qué
quiero cosechar? ¿Qué cosecho hoy?
Si las palabras sirven para algo, que sirvan para amar y no odiar,
para construir y no destruir. El mundo -y de seguro tú también-
ya está cansado de tanta palabra inútil y muerta,
de tanta crítica negativa, de tanto hablar por hablar.
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