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Sentido común
COMO GÜICHO DOMÍNGUEZ

RICARDO RIVAS*

Editorial@elsalvador.com

Han arrancado los Juegos y ¡vaya que han arrancado bien! En 24 horas, tres oros son nuestros: uno en karate, otro en natación y uno más para Molins y sus muchachos. Sí, oro para el COSSAL, que de la mano del país entero va tras la más importante de las medallas en disputa: la que será entregada a El Salvador el 7 de diciembre, al finalizar exitosamente los Juegos. Eso será así y, al final, todos seremos ganadores.

Todos, exceptuando quienes, desde siempre, intentaron boicotear los Centroamericanos y del Caribe, éstos ya han perdido. Ya han perdido también los que aun a media fiesta se empeñan en bloquear calles, cortar la energía y generar el caos. Igualmente han perdido los que aplaudieron la intención cubana de aguarnos la fiesta. Y ahora también se marginan los que sin haber aportado ni un triste peso ni una gota de sudor, buscan la aguja dentro del pajar para luego estrellársela en la cara al comité organizador. Estos, que afortunadamente son pocos, serán los perdedores de todo este asunto. Allá ellos cómo digieren su mala leche.

Otros que juegan con fuego son los médicos y los sindicalistas del ISSS. La primera y más aberrante de las equivocaciones ha sido la de no suspender la huelga, tal como lo prometieron. Les cumplió el Ejecutivo, retirando su propuesta, vetando a Silva y no vetando el 1024. Les cumplió la Asamblea Legislativa, aprobando el 1024. Les volvió a cumplir el Ejecutivo al enviar el decreto a publicar en el Diario Oficial... en fin, a estos caballeros todo el mundo les cumple y ellos no cumplen con nadie. Exigir de todo y de todos es signo inequívoco de quienes enferman de prepotencia crónica. Chantajear como han chantajeado es un síntoma del estado de su integridad. Así, traicionan a los pacientes.

Pero la cosa no para ahí. Ahora resulta que, con un impresionante y sepulcral silencio, la dirigencia médica se ha tragado un proyecto de decreto presentado por diputados del FMLN en la Comisión de Salud, con el que se busca regular, vía intervención estatal, los honorarios profesionales de los médicos en sus clínicas privadas y centros de salud. Pese a que el entuerto está vivo, los dirigentes tripartitos no han dicho ni “mu”. Francamente, nos encantaría saber qué piensan los médicos que sí trabajan con respecto a esta ocurrencia. “El que calla, otorga”, suelen decir, y con este adefesio populista, los representantes médicos se han quedado callados. Así, traicionan a sus colegas.
Y, finalmente, aparece en la larga lista de despropósitos de la dirigencia médico sindical, y ya en abierto y franco contubernio con el FMLN, otro proyecto con el que se busca amnistiar la sinvergüenzada por decreto: “Decrétase amnistía plena por los delitos o faltas de naturaleza penal, responsabilidades patrimoniales o administrativas que pudiesen haberse cometido por las trabajadoras y trabajadores que laboran en el ISSS y en el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, que participaron en la huelga del sector salud a partir del día cinco de septiembre del año dos mil dos”, reza literalmente el Artículo 1 de esta moción presentada por la diputada del Frente Dra. Violeta Menjívar. A los redactores del decreto sólo les faltó agregar las horas extras y los viáticos en los que incurren estas mansas palomitas mientras delinquen. Así, traicionan a los empleado honestos y diligentes de estas instituciones.

Como Güicho Domínguez —aquel “nuevo rico” de la telenovela que dilapidaba a manos llenas los billetes ganados en la lotería—, los miembros de la Comisión Tripartita está tirando por los aires un capital social adquirido con el apoyo de una considerable cantidad de ciudadanos y colegas que les alentaron en su lucha por neutralizar una reforma de salud coloreada de verde, de un verde que no era ni verde musgo ni verde manzana, sino verde billete.

Lo que no han entendido estos dirigentes es que esa etapa ya pasó, que los escenarios han cambiado y que la situación ha evolucionado. Lo que tampoco parecen tener muy claro los tripartitos es que una cosa es que la ciudadanía se proteja de una medida antipopular, y otra es que la población se tire a las calles a defender los intereses económicos y políticos de un grupito de dirigentes; así éstos se arropen tras una gabacha blanca.

Creer lo contrario es o un problema de tuercas, o un desajuste de altímetro.
*Cirujano dentista y columnista de El Diario de Hoy.














 

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