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Opinando
Administración del cambio: Una necesidad rentable
Luis
Ramírez*
*Miembro de la Asociación de Ex Alumnos de la Escuela Superior
de Economía y Negocios
Editorial@elsalvador.com
Estoy seguro de que muchos de nosotros hemos escuchado en más
de una ocasión aquella frase que dice que lo único
constante es el cambio. De hecho cualquier persona de negocios
de nuestros días ha escuchado esta sencilla, pero profunda
oración en cualquier seminario o capacitación gerencial
que haya recibido. Y es que realmente nuestras empresas invierten
mucho dinero en la instrucción de su personal en cuanto a
la adaptación de nuevos procesos, nuevas políticas
y nuevas tendencias gerenciales con el objeto de generar mejores
resultados a largo plazo.
Después de analizar un poco esta situación, me pregunto
¿están nuestras empresas salvadoreñas realmente
comprometidas a asumir una actitud positiva de cambio ante las nuevas
tendencias del mercado mundial? En lo personal, me cuesta un poco
creer esto.
Veámoslo de la siguiente manera, digamos que una empresa
de sólido prestigio quiere consolidar su posición
en el mercado y, debido a la fuerte presión del mercado mundial,
decide fusionarse con otra empresa líder para que juntas
puedan afrontar de mejor manera los retos de una globalización
cada vez más implacable. La teoría nos dice que ésta
sería una decisión acertada, por lo que ya todos sabemos:
intercambio de know how, sinergia de procesos, rightsizing
de personal, consolidación financiera, economías de
escala, etc.
Lo extraño es que la realidad nos muestra un panorama un
tanto diferente, ya que muchas veces nuestros líderes, en
vez de gozar de todos estos evidentes beneficios, únicamente
experimentan la amarga tarea de lidiar con la hostilidad y un pesado
ambiente generado en su organización debido a la nueva estructura
creada, atribuible en gran medida a la resistencia al cambio.
Si concebimos una empresa como un conjunto de personas que buscan
un objetivo común, es esta, precisamente, la razón
por la que nuestros líderes deben actuar como verdaderos
agentes de cambio en nuestras organizaciones, para poder hacer que
estas personas alcancen este objetivo común mediante la guía
y motivación correcta. La cosa no es tan fácil, nuestros
líderes tienen que combatir con lo que algunos autores llaman
el automatismo, lo cual no es más que el conformismo
con nuestro status quo. Este enemigo silencioso es un virus mortal
en las organizaciones que, muchas veces, es camuflado por la vieja
excusa de que siempre hemos trabajado así con buenos
resultados.
El problema con trillada frase siempre haber trabajado así
es que le estamos dejando a nuestra competencia la puerta abierta
para diferenciarse de nosotros simplemente con no trabajar
igual. Es un concepto sencillo de comprender si lo analizamos
con una visión globalizada, pero muy difícil de asimilar
sin la guía adecuada y sin liderazgo. Probablemente, el problema
que tuvo el gerente de nuestro ejemplo de la fusión fue ese,
creando un efecto cascada que de seguro llevará a la nueva
organización a muchos resultados no deseados.
Nuestros líderes deben comprender que el primer paso para
el cambio es su aceptación, y para que toda la organización
lo acepte hay que trabajar astutamente, ya que si el cambio no se
maneja con el cuidado que requiere, los resultados pueden ser catastróficos.
Recordemos que el cambio no es una opción, debemos aprovecharlo
para autoperfeccionarnos para no ser desplazados de un mercado (¿laboral?)
cada vez más disputado.
Pero, ¿cómo logramos cambiar de una manera efectiva?
¿hay alguna receta mágica? Desgraciadamente, no. El
cambio, muchas veces, es doloroso, pero debemos estar preparados,
ya que en este nuevo milenio nos aguardan infinidad de nuevos retos,
y solamente las organizaciones más flexibles serán
capaces de sobrevivir a esta realidad tan inevitable y tan emocionante
al mismo tiempo.
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