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Ataques
contra medios y profesionales
Siete años de guerra sucia por un negocio
Desde
hace 7 años, la corporación McDonalds decidió
quitarle las licencias a Servipronto. Desde ese momento nació
una campaña sucia, que debe conocerse
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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| Desde hace 7 años,
la corporación McDonalds decidió quitarle
las licencias a Servipronto. Desde ese momento nació
una campaña sucia, que debe conocerse.
Foto: EDH |
Hace pocos días, la jueza Segunda de lo Mercantil, Rosa
Estela de Portillo, se disponía a ingresar a su vehículo
cuando una pierna le impidió el paso.
Era la del empresario Roberto Bukele, presidente de la empresa Servipronto,a
quien le había notificado, poco antes, una resolución
desfavorable para la causa que sostiene con la corporación
McDonalds.
El hombre empezó a jalonear la puerta, mientras soltaba toda
suerte de insultos contra la funcionaria judicial.
Bukele, según lo declaró la jueza en algunas de las
principales instancias del Poder Judicial y aun ante el Consejo
Nacional de la Judicatura, no cesaba de insultarla.
Después de escucharlo, la funcionaria se armó de valor
y le dijo: Si no suelta la puerta de mi carro, lo demandaré
por agresión.
Ante eso, el abogado del empresario le aconsejó que se marcharan
del lugar.
Situaciones como esas han vivido muchísimas personas, desde
hace casi siete años, cuando la corporación McDonalds
decidió quitarle las licencias de los restaurantes a Servipronto,
por incumplir las disposiciones higiénicas y técnicas
que se exigen a los concesionarios en todo el mundo.
Jueces, abogados litigantes, periodistas, empresarios y muchas otros
profesionales se han visto envueltos, durante los últimos
años, en un verdadero infierno por denunciar, litigar o acompañar
los severos cargos que, en su momento, McDonalds le hizo a
Servipronto.
La guerra sucia desencadenada contra todos esos profesionales
y varios medios de comunicación (incluido El Diario de Hoy)
se prolonga ya por casi siete años.
Comunicados que contienen toda suerte de delitos contra el honor
atribuidos a organizaciones fantasmas (pues no están
registradas en el país) son parte de esa guerra sucia.
Entre esas organizaciones se incluye una supuesta asociación
de empleados de Servipronto, la mal llamada Alianza Patriótica
Nacional y muchas otras.
Desde una oficina localizada en San Salvador se envían por
Internet (y aun a las residencias) miles de comunicados anónimos,
en los que, con una gran dosis de cobardía, se denigra a
personas respetables.
Además, con todo eso se pretende entrampar las resoluciones
que sobre el caso McDonalds se tomen en el Poder Judicial
o, al menos, demorar las decisiones fundamentales sobre el caso.
Contra cualquiera
Servipronto mantiene abiertos sus principales restaurantes en medio
del ataque contra muchas personas.
Después de comercializar la marca de McDonalds durante
muchos años, Servipronto plantea, ahora, su lucha como si
fuera contra el imperialismo estadounidense. Con esa estrategia
pretende encontrar solidaridad en los sectores más radicales
del país. Cuando se explotaba la marca, el asunto tenía
otro tinte y color, como se advierte.
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