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Luces
y sombras en biomedicina
EL TRIUNFO DE LAS CÉLULAS-MADRE ADULTAS
Luis Fernández Cuervo*
E-mail: lfcuervo@tutopia.com
El
mundo de la ciencia, la investigación y la tecnología
biológica no escapa a la ancestral lucha entre el bien y
el mal
En noviembre de 1998 se publicaron en la revista Science,
con amplia repercusión publicitaria, dos trabajos sobre la
obtención y cultivo en laboratorio de células-madre
(stem-cell) procedentes, en un caso, de embriones en fase de blastocito
(más o menos en la segunda semana de su desarrollo), y en
el otro de fetos abortados.
¿En qué consistía el éxito? Al parecer,
en haber logrado aislar en el laboratorio ese tipo de células,
aún no diferenciadas en un tipo específico de tejido
histológico, y en que se multiplicaron continuamente sin
perder ese estado suyo de indiferenciación. Eso abría
la posibilidad de conseguir que algunas de esas células se
convirtieran después en tipos predeterminados de tejidos.
Una vez conseguido eso, se tendría una fuente inagotable
de tejidos de repuesto, abriéndose grandes perspectivas de
progreso para la medicina reparativa. Una semana después,
en la portada de The New York Times, se publicaba otro
experimento semejante, pero con la diferencia de que esas células-madre
se obtuvieron de un embrión producido por la unión
de un núcleo humano con un óvulo de vaca al cual se
le había retirado su núcleo.
Naturalmente todo ello planteó de nuevo y muy vivamente el
problema ético decisivo de si la ciencia experimental tiene
derecho o no a realizar todo lo que técnicamente es posible.
De si determinados experimentos suponen un progreso humanizante
o emprender la línea de los nazis o de los monstruos tipo
Frankenstein. ¿Es lícito acabar, hoy, con la vida
de un ser humano embrionario, para un posible bien terapéutico
a futuro? ¿El ser humano puede ser utilizado como una cosa
o un animal de experimentación siempre que sea lo suficientemente
pequeño? ¿Cuándo se considera científicamente
que un embrión ya es un ser humano? Y yendo más lejos
aún: ¿Se puede éticamente crear un embrión
de ese tipo, donde el núcleo es de origen humano y el óvulo
es de origen animal?
Algunos datos son clarificadores. Esos dos primeros experimentos
fueron financiados por una firma, Geron, cuyas acciones
tuvieron una fuerte alza en su valor bursátil una vez publicados
esos trabajos. El tercer trabajo, además de su carácter
ético más rechazable, tenía el hecho de publicarse
primero, contra lo que manda la ética médica, no en
una revista científica, sino a bombo y platillo en un diario
de amplia difusión. Su autor era un ex fundador de Geron,
Michael West, y ahora presidente de una pequeña y reciente
empresa: Advanced Cell Technology: ACT. Mientras tanto
y en años sucesivos, otros muchos investigadores eligieron
otra línea que no planteaba ningún problema ético:
obtener células madres del cordón umbilical, de la
placenta o de células madres de adultos.
El 25 de noviembre del 2001, ACT volvió a hacerse publicidad
diciendo que había obtenido la primera clonación de
seres humanos. Empleó 71 óvulos humanos donados por
voluntarias sometidas a estimulación ovárica. Siguiendo
el método de la oveja Dolly, los núcleos
de esos óvulos fueron remplazados por núcleos de una
célula del individuo que se quería clonar. Lograron
así 19 embriones, de los que se dejaron que tres se desarrollaran
hasta el estadio de seis células. Esos embriones no vivieron
más que tres días y, por lo tanto, no se obtuvo de
ellos ninguna célula-madre, pues éstas no aparecen
hasta la etapa de blastocito, cuando el embrión tiene ya
un centenar de células. Después, ACT dio exclusividades
especiales de ello a U.S. News & World Report y
a Scientific American. Todo esto, evidentemente, era
poco serio. Su valor científico fue irrelevante y le llovieron
críticas muy bien fundadas de verdaderos investigadores,
entre ellos Ian Wilmut, el creador de la oveja Dolly.
El mundo de la ciencia, la investigación y la tecnología
biológica, como cualquier otro terreno donde intervengan
los hombres, no escapa a la ancestral lucha entre el bien y el mal,
entre lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer. Y en esto
de las células madres y de la utilización o no de
embriones para ello, lo sorprendente ha sido que el éxito
ha venido de los que han elegido una vía sin problemas éticos
y con procedimientos científicos más sencillos y eficaces.
Los que hablan de clonaciones humanas terapéuticas
están, en realidad, todavía en la fase de clonaciones
experimentales que aún no son terapéuticas, no han
curado nada en nadie. Alegan que las células embrionarias,
por ser más inmaduras son totipotenciales, podrían
llegar a diferenciarse, bien manipuladas, en cualquier tejido humano.
Eso es hipotéticamente cierto, pero no dicen que, además
de que su procedimiento de obtención es más largo
y complicado y que supone matar a un ser humano, lo que se ha visto
es que no proliferan tan fácil como se pensaba, resulta muy
difícil dirigir su especialización y pueden evolucionar
a formas tumorales. En cambio, las células madres de médula
ósea o de otros tejidos de adulto, han mostrado ser de fácil
obtención, sin problemas éticos y muy versátiles,
con capacidad para evolucionar más fácilmente al tejido
deseado. Además sí ha habido ya curaciones terapéuticas
con células-madres extraídas de placenta, de médula
ósea y de otros tejidos de adultos.
En abril de 2000, en Francia, a dos niños con defectos genéticos
que les causaban una grave inmunodeficiencia, les extrajeron células-madres
de sus médulas óseas, les sustituyeron su gen defectuoso
y las trasfirieron de nuevo a los niños, curándoles.
Cuatro meses más tarde, The Lancet publicó
otro éxito: curación de un lupus sistémico,
grave enfermedad auto inmune, utilizando células madre de
la médula ósea del propio paciente.
A pesar de los intereses comerciales y publicitarios a favor del
uso de embriones, ya sea clonados, abortados o sobrantes de fecundación
in vitro, para obtener células-madre con posterior uso terapéutico,
la verdad se va abriendo paso en que el éxito va por esta
línea, la de las stem-cell pluripotenciales, las células-madre
de adultos, que ya están teniendo logros reales y perspectivas
muy amplias y esperanzadoras.
* Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy
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