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Orientaciones familiares
Afrontando el temor
Por Pastor Mario Vega
El Diario de Hoy
E-mail: orientaciones.familiares@navegante.com.sv
El
ser humano enfrenta temores ante lo desconocido, lo imprevisto o
hacia aquello que sobrepasa su capacidad de dominio. Si la persona
no encara el temor de manera adecuada puede terminar por sufrir
una crisis nerviosa y, en el caso de temores que persisten por mucho
tiempo, puede sufrir diversas enfermedades.
Existen varias cosas que las personas pueden hacer para manejar
el temor. Algunas son estas:
La racionalización
Muchos de los temores pueden ser infundados. Es decir, que no tienen
una base lógica que justifique el nivel de miedo que se experimenta.
Aun en situaciones de peligro reales la racionalización puede
ubicarnos objetivamente dentro de las circunstancias para saber
si nuestros temores no están yendo más allá
de lo debido.
La información fortalece la racionalización. Si tenemos
conocimiento de los fenómenos, de sus características
y su desarrollo podremos reaccionar de manera más reflexiva
y menos emotiva.
Las precauciones
Una vez identificado el peligro de manera objetiva, procede tomar
las medidas adecuadas para prevenir en la medida de lo posible mayores
males. Los peligros siempre continuarán siendo imprevisibles
y continuarán estando fuera de nuestro control. Pero, con
el conocimiento de los fenómenos, podremos tomar las medidas
de protección que impidan vernos sorprendidos.
Es importante seguir las recomendaciones de los expertos y de los
conocedores de la materia referida a las situaciones que originan
el temor.
La fe
Aun cuando el hombre se informe y tome las medidas necesarias para
minimizar los riesgos, la posibilidad de una contingencia negativa
no podrá ser reducida a cero.
Ante esta realidad el hombre debe buscar seguridad y confianza en
Dios, quien tiene dominio sobre elementos que el hombre no puede
controlar.
Desarrollando una relación de amistad personal con Dios,
se puede tener paz en medio de las dificultades y disfrutar de una
sensación de seguridad al reconocer que más allá
de nuestras fuerzas existe el brazo todopoderoso de Dios que nos
ayudará y protegerá.
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