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Tomando
la palabra
Dos o tres mil abogados: ¡La nación os contempla!
Edgar Hernán Varela*
E-mail: edgar_Hernan_Varela@hotmail.com
Los dramáticos resultados de los recientes exámenes
de notariado limitan momentáneamente el ejercicio notarial
a dos mil abogados y a otros cientos más reprobados en el
pasado. Con justa preocupación la Corte Suprema de Justicia
se apresta a realizar un profundo análisis de las causas
del fracaso profesional con la aprobación del examen que
habilita al abogado a ejercer la función pública del
notariado. Y no es para menos, un notario da fe de innumerables
actos jurídicos que están íntimamente relacionados
con la seguridad jurídica del Estado.
El problema no es exclusivo del Órgano Judicial. La seguridad
jurídica es una responsabilidad de todos, comenzando por
el sistema educativo nacional que asegure una educación de
calidad en todos los niveles de enseñanza. La educación
no es un mero negocio de ganancias y pérdidas. Lamentablemente,
en vísperas del conflicto armado y ante los constantes cierres
de la Universidad de El Salvador, se creó el marco legal
para la apertura de universidades privadas, que en muchos
casos apenas llegaron a tener una mínima infraestructura.
Al privar la idea del mercantilismo, en vez de ofrecer una verdadera
educación superior, los expertos decidieron abrir escuelas
de Derecho por la baja rentabilidad económica que significaba
tener aulas mal equipadas, con un puño de libros en desuso
y apiñados en unos estantes identificados graciosamente como
la biblioteca jurídica, y con casi un 95% de profesores horas
clase, algunos de ellos sin tener la certeza de sus conocimientos
y de modernas metodologías de enseñanza.
Los resultados están la vista: algunas facultades de Derecho
están graduando a estudiantes que lamentablemente no tienen
asegurados todos sus conocimientos técnicos del derecho,
adolecen de serias deficiencias en el uso del idioma castellano
y demuestran dificultades para el razonamiento lógico jurídico.
Asimismo, debido al desconocimiento de técnicas modernas
de evaluación y rendimiento académico, los abogados,
aparentemente, confrontaron problemas de comprensión de las
preguntas de los últimos exámenes. Sólo 12
de 2000 abogados tuvieron éxito. Y esto sin desestimar que
la prueba en sí sea susceptible de mejorarse en su forma
y sustancia.
¡Qué enorme responsabilidad la del Estado en permitir
que en algunas universidades se continúe ofreciendo una deficiente
carrera de Ciencias Jurídicas a una juventud con aspiraciones
legítimas de ser profesionales, para mejorar su condición
de vida y contribuir al desarrollo económico y social del
país!
Pero qué patético es para el Estado y la sociedad
el saber que hay en el país una sobreoferta de alrededor
de 10.000 abogados, entre quienes hay significativas cantidades
de profesionales muy bien preparados y honestos, aunque hay otros
convertidos en una real amenaza a la seguridad jurídica del
país. Ese último grupo ha desvalorizado el costo del
servicio, engañado a sus clientes, y contribuido a generar
en la opinión pública la imagen de una deteriorada
profesión del derecho y de la administración de justicia.
Tal vez entonces estemos a las puertas de analizar objetivamente
la conveniencia nacional de que la Corte Suprema de Justicia realice
un examen previo a la autorización del ejercicio de la abogacía,
como en otros países, y que los demás órganos
fundamentales del Gobierno cierren las facultades de Derecho por
un plazo de 10-15 años, para nivelar la oferta de los servicios
de abogacía y notariado. Mientras tanto, la Escuela de Capacitación
Judicial y otras instituciones ofrecerían capacitación
continuada a todos aquellos abogados que necesiten ampliar y consolidar
sus conocimientos del Derecho y su escala de valores éticos
jurídicos.
Así, el Estado tendrá más abogados y notarios
honestos y capaces, asegurando además que la carrera judicial
(jueces y magistrados) cuente con profesionales que coadyuven a
una pronta y efectiva justicia. Todo ello se medirá mediante
la restauración paulatina de la confianza de la sociedad
en su sistema jurídico. Una vez mejorada la calidad del servicio
y estabilizada la oferta profesional, se volverían a abrir
facultades de Derecho al amparo de un solo currículo, adaptado
a las modernas doctrinas jurídicas y a las exigencias contemporáneas
de la sociedad nacional e internacional.
Mi planteamiento obedece exclusivamente a continuar apoyando el
mejoramiento de las condiciones de la administración de justicia,
la enseñanza y aprendizaje del Derecho y la seguridad jurídica
de El Salvador.
*Dr. en Derecho.
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