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La columna nacional
Mensaje de asesoría gratuita para las izquierdas de 2002

Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Tendré que repasar todo el espectro político para que se pueda juzgar en toda su amplitud cuál es el mensaje que entrego y las posiciones sugeridas para su actores

Comienzo con éste una serie de mensajes, en los que, sin petición de parte, pero con la mejor de las intenciones de un ciudadano preparado y preocupado por lo que ocurre en su patria, he decidido enviar a diferentes fuerzas políticas y grupos de presión. Sea este un paréntesis a mi usual columna. Reparando en que este servidor a veces no ha sido todo lo claro que hubiera deseado a causa de intentar decir demasiado en muy poco espacio, me he propuesto ahora este serial de varias entregas, el que normalmente hubiera abordado en uno o dos artículos. Incluso a la misma izquierda hay mucho que decirle y, por lo tanto, se abordará en más de una entrega. La situación nacional necesita aclaraciones.

Para la extrema izquierda: Hay que distinguir tres grupos: 1. Personas de diferentes proveniencias, estratos y preparaciones las que, por varias causas creen, quieren o militan (o las tres juntas) en movimientos sociales o intelectuales radicales de origen marxista-leninista, maoísta, neoanarquista, etc. 2. Militantes orgánicos del Partido Comunista, estén donde estén. 3. Gente inmersa en el FMLN que no esté todavía dentro del grupo No. 2, pero con igual intencionalidad que los otros en lucha revolucionaria.

Al Grupo No. 2 (PC): Tendría que ser campeón en ingenuidad o ignorancia -o superar una combinación de la madre Teresa con San Fco. de Asís- para no saber con quién se mide uno al hablar de un Partido Comunista que realmente lo sea y no sólo lleve el nombre, y creemos que el de acá no es de broma.

Por lo tanto, la potencialidad perversa, al unir lo que el sistema permite con todo tipo de conspiraciones de acuerdo con el sentido de la ética, que les prescribe “todo lo que apoye a la revolución” conforma un “súper partido” sin ataduras legales ni morales, de férrea disciplina, con una doctrina totalitaria, peligroso dentro y fuera de él, para sus opositores y con una dirección (como estatuía Lenín) de “revolucionarios profesionales”. A éstos, consecuentemente, poco encuentro que decirles, sino hacer un llamado a la conciencia de los que acaso todavía puedan escuchar y recordarles que cumplan la ley.

A los de los grupos No. 1 y 3 les digo: No creo, como muchos por desgracia, que con ustedes no hay nada que hablar. Son hombres y mujeres salvadoreños, muy heridos algunos, con sensibilidad social varios de ustedes, necesitados de esperanza y redención casi todos, unos mejor intencionados, otros más capacitados, quieren prosperar, quieren destacar, quieren algo mejor para ustedes y para sus hijos -como todos los otros salvadoreños también- y quieren, sobre todo, que fuera verdad por lo que están luchando.

Tristemente por su esfuerzo, hay un mundo de hechos, de historia, de argumentación intelectual de sentimientos elementales, de sentido común, incluso, que les está negando la supuesta “cientificidad inexorable” de vía materialista dialéctica. Lo que Uds. tienen es una fe digna de mejor causa, pero que no resiste ningún análisis serio. Sus intelectuales lo saben, aunque no lo admitan ni a ellos mismos.

Lo que pasa es que quisieran que las cosas fueran de otro modo, de la misma manera que ustedes acostumbran decirles a los creyentes que ellos quisieran que exista Dios, siendo ustedes todavía más crédulos. Así, tanto esfuerzo y sacrificio merece otros objetivos y otras compañías. Un buen paso será el que avance hacia agrupaciones políticas que ya estén claras en rechazar la lucha revolucionaria marxista.

Entiendo que, ante la pobreza secular, algunos errores crasos de percepción y una continua propaganda, la posición de “masa” a la que irrespetuosamente los han llevado los que sólo sirven a su propia enfermiza desesperación puedan exacerbar los ánimos para lanzarse a casi cualquier cosa que les permita canalizar su malestar, quebrar algo o a alguien, gritar, insultar... y ¿quién sabe? Tal vez se logre algo -pensarán-. Pero sé que en el fondo casi todos saben que están siendo usados, manipulados, y que tampoco quieren llegar a conformar el feo, gris, injusto y deforme país que pretende su dirigencia.

Quieren comer, mejorar. Pero también quieren dignidad y justicia. No encuentran claridad para optar por ninguna otra opción y, entre la fidelidad y la inercia, han continuado en esa cruel y enloquecedora guerra política que los harta ya de sangre, sudor y lágrimas. Sepan por ahora que están mal donde están.
Tendré que repasar todo el espectro político para que se pueda juzgar en toda su amplitud cuál es el mensaje que entrego y las posiciones sugeridas para su actores. A ver si puedo terminar de presentarlo...
* Lic. en Ciencias Políticas.

 

 

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