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Analizando
Lula light en Brasil
Carlos A. Rosales*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
A tres semanas de la victoria de Lula, la izquierda latinoamericana
sigue em-briagada celebrando la llegada al poder de uno de los suyos
Mientras no haya ahorro en el gasto público y se combata
y castigue la corrupción, la situación de nuestro
país cada día se volverá más insostenible
He cambiado... sería estúpido si no hubiera
cambiado.
Luiz Inácio Da Silva, en entrevista a Newsweek.
La buena noticia para la izquierda latinoamericana es que Luiz Inácio
(Lula) da Silva ganó las elecciones en Brasil. La mala noticia
es que el presidente electo de la octava economía más
grande del mundo no será lo que la vieja ortodoxia espera.
Desde su triunfo en octubre, Lula ha enviado señales importantes
de que, lejos de convertirse en otro Chávez, el ex líder
sindical será más como Ricardo Lagos, de Chile, o
como el mismo Fernando Henrique Cardoso, presidente saliente de
Brasil.
Fue Cardoso quien, en la década de los 70, expuso la tesis
sobre el subdesarrollo latinoamericano. Las teorías de la
dependencia propuestas por Cardoso y otros académicos de
la época te- nían un fuerte contenido marxista. Ya
desde el poder y convertido en fiel practicante del modelo liberal,
Cardoso admitió que lo que había que hacer con la
globalización era inscribirse en ella lo más pronto
y mejor posible. Hay indicios de que Lula podría ir por el
mismo camino.
Desde su derrota presidencial en 1998, Lula comenzó un proceso
de transformación para moderar su imagen y la plataforma
de su Partido dos Trabalhadores (PT). Esto hizo que la prensa le
bautizara como Lula light. Ya para la campaña,
el PT había renunciado a su demanda de romper con el modelo
de libre mercado y de no pagar la deuda externa. Como presidente
electo, Lula ha prometido que operará dentro del marco financiero
que heredará de Cardoso cuando asuma el poder.
Lula ha prometido, además, mantener la inflación bajo
control, cumplir con los términos del acuerdo con el Fondo
Monetario Internacional y honrar todos sus compromisos internacionales.
Aunque una influyente revista de negocios lamentó recientemente
que los destinos del ALCA ahora descansan en las manos de
Lula, éste ha prometido negociar como una nación
soberana la creación del Área de Libre Comercio
de las Américas.
Ya Lula había mostrado una buena dosis de pragmatismo y moderación
durante la campaña electoral al forjar una alianza entre
el PT y el centrista Partido Liberal. De esa alianza surgió
su compañero de fórmula, José Alencar, un acaudalado
empresario cuya presencia tranquilizó las preocupaciones
de los empresarios brasileños. Lula ha madurado, de
lo contrario, yo no estaría aquí, aseguró
Alencar durante la campaña.
Aun si, en un arranque de nostalgia ideológica, Lula intentara
volver a sus posturas jurásicas, sus intenciones se verían
frustradas. A pesar de su triunfo abrumador, el PT ganó sólo
91 de los 513 escaños en la Cámara de Diputados, y
14 de los 81 en el Senado. Aun en alianza con otros partidos de
izquierda, Lula sólo alcanzaría el 43 por ciento de
la Cámara Baja y 33 por ciento del Senado.
En anticipación al triunfo electoral de Lula, el Congreso
brasileño había aprobado una legislación que
restringe la posibilidad del nuevo mandatario de gobernar por decreto,
mecanismo con el cual Cardoso pudo contar durante sus ocho años
como Presidente. Lula no podrá hacer nada sin el Congreso,
y es por eso que no se anticipan cambios radicales con su llegada
al poder el 1 de enero próximo.
A tres semanas de la victoria de Lula, la izquierda latinoamericana
sigue embriagada celebrando la llegada al poder de uno de los suyos.
Bien harían, sin embargo, en escuchar al sociólogo
francés Alain Touraine, quien hace unos días advirtió
que es un error ver el ascenso de Lula como la derrota del
libre mercado.
*Secretario de Comunicaciones de la Presidencia de la República.
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