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Obispo colombiano perdona a sus captores

El obispo colombiano Jorge Enrique Jiménez, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), liberado el viernes tras cinco días en poder de las FARC, agradeció ayer la solidaridad nacional e internacional durante su secuestro y dijo que ha perdonado a sus captores.

COLOMBIA
EFE.-
Internacional
El Diario de Hoy
internacional@elsalvador.com

Jiménez, de 60 años, obispo de Zipaquirá (50 kilómetros al norte de Bogotá), fue secuestrado en una zona rural el lunes pasado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) junto con el sacerdote Desiderio Orjuela, de 70 años, párroco de Pacho, otra localidad del departamento de Cundinamarca.

Ambos fueron liberados sanos y salvos ayer por el Ejército, horas después de que el presidente, Alvaro Uribe, pidiera la colaboración ciudadana para facilitar un rescate y después de que la familia del obispo autorizara la operación, que podía arriesgar la vida de los rehenes.

El presidente del CELAM, quien ofició ayer una misa en la catedral de Zipaquirá para “dar gracias a Dios” por su liberación, declaró que perdona “de todo corazón” a los secuestradores “porque lo exige el Evangelio. Paso una hoja y sigo adelante”, dijo.

El jerarca católico reclamó que “se acabe el drama de tantos que sufren por el secuestro, seguramente en condiciones más terribles que el mío”, en el país, que tiene un promedio de 3.000 secuestros al año, el más alto del mundo.

Explicó que durante el cautiverio “el único conocimiento que tuvimos allá fue a través del corazón y el poder de la oración. De resto, no hubo absolutamente ninguna noticia. Todo era terrible y espantoso”, dijo.
Jiménez se declaró abrumado por “el cariño de la gente” y dijo que ello “anima a obrar con mucho más entusiasmo y mucha más esperanza”.

Los motivos

Sobre los motivos del secuestro, precisó que los captores “en un momento fueron muy expresos en decir que el motivo era económico”, pero más tarde hablaron de un posible “canje” por guerrilleros.
El fin del calvario llegó cuando en medio de una maleza imposible, y ante un grupo guerrilleros que tenía confianza en que eran invisibles en ese escondite de maraña profunda, aparecieron tropas gubernamentales que vociferaron “al suelo, padres”.

En un instante, los sacerdotes se tiraron al piso. Un guerrillero resultó muerto y tres capturados.
Los otros botaron sus fusiles y se echaron a correr.
“No son imbatibles, su fuerza es la mentira”, reflexionó el obispo después de un largo y detallado relato. “La fuerza del amor todo lo puede”, dijo, afirmando que ese era el camino para que Colombia recobrara la paz.

 

 

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