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Ministerio
Espiga
Padre, Abbá o Papito
Por Salvador Gómez, Predicador
Católico
www.espiga.org.sv
Cierto
día un hermano misionero llamó a la puerta de una
casa y dijo al niño que había salido a recibirle:
"Estoy pidiendo ayuda para las misiones". El niño
inmediatamente entró y sacando sus ahorros le entregó
cien dólares.
Al ver la generosa ofrenda del pequeño, el misionero le preguntó:
¿Está tu papá?
-Sí- le respondió el niño y corrió a
llamarlo.
El padre saludó amablemente al hermano y le preguntó
qué deseaba.
-Soy misionero y trabajo con unas comunidades muy pobres. Estoy
aquí en el pueblovisitando familias cristianas y generosas
como ustedes para solicitar ayuda.
El buen hombre sacó su billetera y le entregó diez
dólares al visitante.
Al ver lo poco que había recibido, el misionero expresó:
"¿Cómo es posible que usted me dé sólo
diez dólares cuando su hijo me dio cien?".
El hombre se puso serio y le contestó: "Yo no tengo
un papá tan rico como el que tiene mi hijo".
-Gracias -dijo el misionero-. Usted, sin saberlo, me ha dado una
ayuda muy grande: me ha permitido ver la diferencia entre un hijo
que tiene un padre rico y otro que no lo tiene. Prefiero ser como
su hijo, alegre, generoso, confiando en su padre y no ser un adulto
tan serio y huérfano como usted...
¡ALELUYA! Nosotros no somos huérfanos.
Querido amigo lector, ¿eres huérfano? ¿Crees
en verdad que Dios es tu Padre?
Si te sientes hijo amado, has en este momento lo que dice Jesús:
"Cierra la puerta, ora a tu Padre, que está allí,
en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará"
(Mt. 6, 6).
Para hablar con su Padre, Jesús buscaba lugares solitarios,
generalmente de noche o en la madrugada, sin duda para evitar el
ruido y la distracción. A mí personalmente me ayuda
sentarme en el suelo, al lado de una silla, cierro los ojos y visualizo
a mi Padre Dios sentado a mi lado, tierno, paciente, compasivo,
misericordioso, y luego en sus divinas manos desahogo mi corazón.
Por favor, busca tú la manera que quieras, en el lugar donde
mejor te sientas, pero hazlo; toma la única medicina que
de verdad puede sanarte, entra en contacto con la llama de amor
que puede entibiar tu corazón, sacia tu sed en la fuente
de agua vida, llénate de la vida en abundancia que sólo
El puede darte.
Haz tuya la promesa que El te hace: "Como un hijo a quien consuela
su madre, así Yo los consolaré a ustedes....(Is. 66,
13-14).
Unos le dicen Alá; otros, Jehová; unos más,
Yavéh, pero Jesús nos ha enseñado a decirle
"ABBÁ", que significa "Papá" o
"Papito"... ¡Hazlo tú también!
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