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De víctima a imputado en Valle Nuevo
Aclaran crimen por noticia

La historia publicada en este periódico hace dos semanas conmovió tanto a un testigo que decidió declarar: no se trató de un asalto, sino de un doble homicidio, ocurrido en el interior de una pupusería en una colonia de Ilopango

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Ahora, tanto el padre como el hijo descansan con más tranquilidad, sin la pesada carga de la deshonra. Ya se sabe que ellos no fueron los atacantes, sino las víctimas de un iracundo hombre que los mató, al parecer, sin motivo aparente.

Todo ocurrió en el interior de una pupusería, en Valle Nuevo, Ilopango, la noche del 20 de octubre anterior. Los agentes de la Fiscalía reconocieron los cadáveres de Juan Roberto López Aráuz y de su hijo Mauricio Vladimir López Méndez, quienes, según empleados de la pupusería, “eran ladrones”.

Un día después del incidente, los investigadores comenzaron a dudar, pues, muchas piezas no “cuadraban” en la lógica de la legítima defensa. Ninguno de los supuestos atacantes portaba arma alguna. Juan Roberto presentaba nueve orificios de bala; Mauricio, once.

La historia de estas víctimas hizo más dramático el panorama. Don Juan Roberto padecía de cáncer terminal en la garganta y con mucha dificultad caminaba. Este año, estuvo hospitalizado en al menos tres ocasiones.

Lo que más inquietó a los investigadores fue el proceder de el dueño de la pupusería, Joaquín Alvarenga Tobar, quien huyó del lugar, y no se entregó como ocurre en muchos casos de una “legítima defensa”.

El relato

Se especula que entre Mauricio Vladimir y Joaquín Alvarenga tenían problemas, ya que una hija de este último mantenía una relación con el joven. Esta suposición no consta en los expedientes de la Fiscalía. Ninguno de los testigos lo ha mencionado.

Una semana después de ocurridas esas muertes, El Diario de Hoy publicó un amplio artículo acerca de esas extrañas muertes. Con mucho cuidado, trató de hacer una aproximación a los hechos y a las vidas de los afectados.

Esa mañana de domingo 27 de octubre, uno de los muchos testigos leyó la historia y “se le corrieron las lágrimas” al darse cuenta de la injusticia que se había cometido, según ha confiado uno de los investigadores. Entonces, decidió colaborar y, en la actualidad, es celosamente protegido.

El testimonio de esta persona es determinante y desgarrador. Esa noche de domingo, estaba en la pupusería, como otros muchos más, cuando vio llegar a don Juan Roberto, quien caminaba con mucha dificultad, y a su hijo Mauricio, con la mano vendada. Al parecer, en días anteriores Joaquín Alvarenga había dañado la mano al joven en una discusión.

El padre y el hijo se dirigieron a Joaquín Alvarenga. Don Juan Roberto le manifestó: “Queremos hablar con usted acerca de un problema. ¿Cuál es el odio que nos tiene?”.

Arranque

El dueño de la pupusería se transformó. Iracundo, sacó el arma y tan sólo les dijo: “¡Qué es lo qué quieren, pues!”. Las víctimas palidecieron e, inmediatamente, el atacante comenzó a dispararles. Se supone que Joaquín Alvarenga cargó la pistola al menos en dos ocasiones.

El testigo, junto con los demás clientes corrieron, en busca de refugio. El hombre seguía disparándoles, mientras les decía la misma frase “¡qué es lo qué quieren, qué es lo que quieren!”. Se las repetía tanto como las balas que disparaba. A cada detonación, le seguía un lamento, hasta que el padre y su hijo murieron, humillados.

Este importante testimonio está ya en poder de un tribunal de Paz de Soyapango, en donde fue presentado, el lunes, el requerimiento contra Joaquín Alvarenga. Se le acusa de un delito muy grave: homicio agravado.

La Fiscalía está convencida de que con la reveladora declaración de este testigo clave y las otras evidencias, el caso difícilmente se “les caerá” y que se hará justicia. “Esto ha sido fútil y abyecto. Por algo que no valía la pena, los mató con semejante saña; de allí la gravedad del delito”, justifica la acusación la fiscal asignada al caso, Yolanda Ayala de Martínez.

En tanto, la esposa del imputado y la empleada de ellos son acusadas por el delito de encubrimiento.
Durante los primeros interrogatorios, el día de los hechos, ellas le “aseguraron” a los fiscales que los que habían muerto eran asaltantes. Posteriormente, cuando fueron citadas para una ampliación de la declaración en las oficinas de la Fiscalía, no se presentaron.

Por el momento, se desconoce el paradero de la empleada, quien fue despedida días después del incidente. El tribunal de justicia podría instalar la próxima semana la audiencia inicial.

El lugar en donde ocurrieron los crímenes, el “Noa-Noa”, está clausurado por iniciativa propia. A pocas cuadras, en un cementerio local, reposan con menos pena, los cuerpos de dos inocentes, mientra Joaquín Alvarenga huye. Ahora, él es un imputado, el acusado de dos despreciables crímenes.

“Esto ha sido fútil y abyecto. Por algo que no valía la pena los mató con semejante saña; de allí la gravedad del delito”

Cronología

20 de octubre.
Juan Roberto López Aráuz y su hijo, Mauricio Vladimir López Méndez, mueren en el interior de una pupusería en un confuso hecho. La Policía informa de una “intento de asalto”.

27 de octubre.
La Fiscalía tiene muchas dudas acerca de la legítima defensa por parte de Joaquín Alvarenga Tobar. Ese día, El Diario de Hoy publicó un extenso artículo acerca de las extrañas circunstancias en que todo ocurrió.

11 de noviembre.
Con la declaración de un testigo clave, indignado con lo sucedido, la Fiscalía presentó el requerimiento contra el ahora imputado. Se le acusa de homicidio agravado.

 

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