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Un ángel más en el cielo...
Hasta pronto, Edwin

Sonsonate. Las lágrimas empañaron los ojos de quienes presenciaron el entierro del menor asesinado la tarde del domingo

Érika Prado
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com

Reina Elizabeth y su hija Estefany dan el último adiós a su querido Edwin Armando. Junto a ellos familiares y amigos lloran la partida de un “misionero de seis años”.
FOTO EDH

Fue una misa de ángeles la que celebró el sacerdote Francisco Arrivillaga la mañana de ayer, en la colonia Santa Teresa de Izalco. En la casa No. 6 del polígono 2, la familia Rivera Orantes escuchó las palabras que el párroco expresó en memoria de Edwin Armando.

Los restos mortales del niño de seis años fueron enterrados ayer, al filo de las doce del día, en el Cementerio General de esa ciudad sonsonateca.

El menor fue asesinado por un sujeto que disputó el asiento de un microbús del transporte colectivo, donde el padre de Edwin llevaba una bolsa de ropa. El progenitor del pequeño aún está delicado de salud en el hospital del ISSS en Sonsonate. Dos impactos de bala lo mantienen al borde de la muerte. De su agresor no hay pistas.

Todos los que acompañaron a los dolientes en la velación no pudieron contener las lágrimas. Dolía ver el semblante de los parientes de las víctimas, indignaba recordar la forma en que murió, consternaba pensar en el padre del niño que ignora que su pequeño falleció.

Esos seis años que el niño compartió con su comunidad fueron especiales. Para su madre, era un infante fuera de lo común. Para Arrivillaga, también.

Era un ángel

A su corta edad, Edwin Armando fue ejemplo de amor al prójimo. Era misionero “trigo verde”, de la parroquia de Dolores de Izalco.

El 20 de este mes, habría recibido su ascenso a misionero “trigo amarillo”. Ayer, antes del sepelio, el sacerdote y la misionera Kathia Margarita Herrera, abrieron el féretro y colocaron en los restos del niño, el pañuelo de los misioneros maduros. “Era un niño constructor del tercer milenio”, expresó el religioso entre lágrimas.

Reina Elizabeth callada escuchaba cada una de las palabras del párroco Arrivillaga. Se resiste a aceptar que no volverá a tener a su hijo entre los brazos.

Francisco Sarmiento, tío del pequeño, vio desfilar en su memoria los últimos encuentros con su sobrino. “Estaba muy contento, porque sus padres contrajeron matrimonio el 30 de junio y asistían más a la iglesia... le gustaba cantar en misa”, recordó.

Cerca del ataúd, Carlos Roberto, compañero de escuela de Edwin, lloraba mientras exclamaba: “Lo voy a extrañar... el otro año no tendré con quién jugar”.

Edwin Armando presintió que algo pasaría ese domingo 10 de noviembre. Escribió dos cartas. Una para su mamá y otra para su guía espiritual, Héctor Daniel.

Reina Elizabeth nunca imaginó que sería una despedida. “Mamá, tú eres la mejor del mundo. Tu hijo Armando”, se lee en el infantil texto. Como fondo de la correspondencia, Edwin estampó la figura de un árbol navideño. Firmó así como anticipándose a su ausencia en esta Navidad.

 

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