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Tomando la palabra
EL MURO DE LA VERGÜENZA

Julia Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Hoy en día lo que tiene indignado a toda la población es el irrespeto a la vida y a la salud de ciudadanos que ya han pagado por adelantado los servicios

Las cosas que estamos viviendo los salvadoreños son difíciles de creer en esta época, en la que supuestamente los derechos humanos son respetados y que existe hasta una “Corte Penal Internacional”, precisamente creada para evitar que se den abusos contra éstos. Lo más inconcebible es que precisamente algunos que se autonombran defensores de los derechos humanos son los primeros en violarlos.
Hoy en día lo que tiene indignado a toda la población es el irrespeto a la vida y a la salud de ciudadanos que ya han pagado por adelantado los servicios que no están recibiendo por motivos políticos.

Cuántas personas morirán por le negligencia de estos “médicos” que de forma irresponsable utilizan el sufrimiento de gente inocente para sus fines malintencionados. No se dan cuenta de que ¡YA NADIE LES CREE! Muchos tenemos personas cerca de nosotros que han sufrido en carne propia las consecuencias de esta innecesaria y criminal huelga. Una empleada nuestra enterró el 7 de noviembre a su primo, que murió por no haber recibido en el ISSS la atención médica que necesitaba. A pesar de tener problemas cardíacos graves y buscar ayuda en varias ocasiones, perdiendo todo el día, no lo atendieron, obligando a la familia a gastar en atención privada. Desgraciadamente, había perdido mucho tiempo y llegó demasiado tarde. ¿Cuántos salvadoreños estarán viviendo situaciones similares? Qué hace falta para que estos doctores oigan a su conciencia que les debe estar gritando ¡BASTA!

Los médicos que, a pesar de las presiones, los insultos y las amenazas, valientemente se han quedado a atender a sus pacientes son verdaderos héroes que merecen un reconocimiento y agradecimiento de parte de todo el país. Sabemos que en el Colegio Médico de El Salvador han creado un “Muro de la vergüenza” de doce metros de largo, en el que han escrito los nombres de estos nobles galenos con insultos soeces, tildándolos de traidores.

Tengan ustedes la seguridad de que sus nombres también están escritos en el cielo, que es lo único que importa, y en los corazones de los buenos ciudadanos que los apoyamos y pedimos a Dios los proteja y recompense por su sacrificio y entrega. Ustedes sí tienen clara su vocación de servicio, pero para los que han olvidado la misión de su profesión, es bueno que recuerden el juramento hipocrático al que todo médico debe ser fiel:

“TRATARÉ al que me haya enseñado este arte como a mis progenitores, y compartiré mi vida con él, y le haré partícipe, si me lo pide, y de todo cuanto le fuere necesario, y consideraré a sus descendientes como a hermanos varones, y les enseñaré este arte, si desean aprenderlo, sin remuneración ni contrato.

“Y HARÉ partícipes de los preceptos y de las lecciones orales y de todo otro medio de aprendizaje no sólo a mis hijos, sino también a los de quien me haya enseñado y a los discípulos inscritos y ligados por juramento según la norma médica, pero a nadie más.
“Y ME SERVIRÉ, según mi capacidad y mi criterio, del régimen que tienda al beneficio de los enfermos, pero me abstendré de cuanto lleve consigo perjuicio o afán de dañar.
“Y NO DARÉ ninguna droga letal a nadie, aunque me la pidan, ni sugeriré un tal uso, y del mismo modo, tampoco a ninguna mujer daré pesario abortivo, sino que, a lo largo de mi vida, ejerceré mi arte pura y santamente...
“Y CADA VEZ QUE entre en una casa, no lo haré sino para bien de los enfermos, absteniéndome de mala acción o corrupción voluntaria, pero especialmente de trato erótico con cuerpos femeninos o masculinos, libres o serviles.
“Y SI EN MI PRÁCTICA médica, o aun fuera de ella, viviese u oyere, con respeto a la vida de otros hombres, algo que jamás deba ser revelado al exterior, me callaré considerando como secreto todo lo de este tipo. Así pues, si observo este juramento sin quebrantarlo, séame dado gozar de mi vida y de mi arte y ser honrado para siempre entre los hombres; mas, si lo quebranto y cometo perjurio, sucédame lo contrario”.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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