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Palabras
Limpiemos nuestro templo
Carlos Balaguer
Tiempo es de limpiar nuestro interior. Como el ánfora limpia
para el vino de la vida.
Un ánfora sucia corrompe el vino, el agua y la leche que
se deposita en ella.
Tiempo es, pues, de limpiar nuestro interior, de limpiar el templo
interior de nuestra alma, porque somos el templo donde se manifiesta
la conciencia universal que rige a la especie.
Porque somos el vaso donde la vida y el estío derramarán
su vino, el vino del amor, de la esperanza.
Debemos estar limpios, como la copa o el cáliz místico.
Tiempo es de decir la verdad. Sólo la verdad nos hace libres
para amar, para decidir nuestras vidas, para vivir, en general.
La altura moral de un hombre está en su sinceridad, en su
glorioso defender la verdad.
La mentira es diabólica, enajenante, tonta, maligna, venenosa,
putrefacta.
La verdad es la fuente limpia de los confines celestes. ¡La
palabra vive gracias a la verdad! Tiempo es, pues, de vivir.
De vivir como hombres luminosos y no como hombres oscuros.
Olvidemos morir, a cada instante, resucitemos a la nueva alianza,
a la fe del hombre nuevo, como el templo construido en los tres
días de la grandeza humana de renacer...
Día a Día
La actitud que ha hecho presa de los cerebros huelguistas, una especie de triquinosis
moral e ideológica, se evidencia en la manera como quieren
negociar: a cada paso presentan nuevas exigencias, aunque nada tengan
que ver con el asunto que se discute.
Esa maña, por cierto, se les ha pegado de sus manipuladores,
los comunistas, que desde Carlos Marx y Lenín por táctica
van cambiando las reglas durante la marcha. Si ahora quieren que
se discuta el salario mínimo, mañana serán
las comunicaciones, y pasado, el TLC con Estados Unidos. Y como
no podrá el Ejecutivo hacerles caso, lo acusarán de
intransigencia y de negarse al diálogo.
Es con puras mentiras y tergiversaciones que a todo este asunto
de la reforma al ISSS se oponen los huelguistas y quienes los manejan:
hacen creer a la gente que el Seguro se va a privatizar
y que sólo pagando les atenderán. Con ese miedo es
que juegan los huelguistas, que se resisten a perder sus mamandurrias.
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