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Sesenta
segundos de abuso policial
La
furia de dos policías terminó con la vida de un hombre
de 43 años. Hoy, los imputados huyen de la justicia
San Miguel
El país
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
El tribunal resolvió instrucción formal con medidas
sustitutivas a la detención provisional. El Juez de Paz de
San Gerardo fundamentó su decisión en la buena
voluntad percibida entre los imputados. Consideró que
colaborarían con la investigación en su contra.
Grave error. Tres de los cinco agentes de la PNC involucrados en
un homicidio abandonaron sus puestos tras concluir la audiencia
inicial. Solo un cabo y un agente cumplieron con las medidas.
Hoy, Santiago Antonio López Alvarado y José Ulises
Amaya, ambos ex agentes de la Unidad Táctica Operativa (UTO),
son prófugos.
El ex sargento Edwin Antonio Martínez fue condenado a diez
años de prisión por omisión de la comisión
del delito. El ahora convicto presenció el homicidio agravado
y, pese a que era el jefe de la operación policial, no detuvo
a los asesinos.
El cabo y el agente fueron declarados inocentes y recuperaron su
libertad.
La familia Lara, en cambio, nunca volverá a ver a Nelson,
un hombre de 43 años que fue asesinado a golpes el 3 de octubre
de 2001, en San Gerardo.
Paro cardiaco
La noticia del extraño fallecimiento del hermano de la Jueza
de Paz de Chapeltique originó gran incertidumbre entre los
familiares.
El 5 de octubre de ese año, EL DIARIO DE HOY publicó
la versión ofrecida por las autoridades de seguridad pública.
El artículo detallaba que Lara provocó a la Policía
cuando este departía con un grupo de amigos en el centro
de la zona urbana. San Gerardo celebraba sus fiestas patronales.
Los agentes de Seguridad Pública, al mando de Edwin Antonio
Martínez, persiguieron por 15 kilómetros a Lara, hasta
el cantón La Joya. Allí residía Nelson.
El hombre se atrincheró en su vivienda, y la PNC acordonó
la zona. Luego, el jefe al mando solicitó una orden de allanamiento
a la Jueza de Paz de la localidad. También pidió refuerzos
a la Unidad Táctica Operativa (UTO) de San Miguel.
Lo cierto es que la versión ofrecida a la familia y a los
medios indicaba que Nelson, al verse rodeado, trató de huir
por una puerta lateral. El hombre disparó contra los agentes
y luego cayó muerto.
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| Nelson Lara era amante de las armas. En
la foto, posa con diversas armas durante la época del
conflicto. Foto: EDH |
En un inicio, los testigos hablaron de un aparente paro cardiaco.
El cadáver carecía de lesión alguna. Sin embargo,
un hilo de sangre en la boca de Lara sugería algo más.
Solo uno de sus parientes habló de un asesinato a golpes
y exigió una investigación exhaustiva.
Tras la condena del ex sargento Martínez, la verdadera historia
salió a la luz. Varios de los testigos se armaron de valor
y contaron el homicidio de Nelson.
Abuso de poder
La persecución policial hasta el cantón La Joya si
fue ejecutada. Los detalles varían después del acordonamiento
del área.
Previo a la llegada de la UTO, Lara se entregó de forma pacífica
a los agentes de San Gerardo. Estos lo esposaron antes de disponerse
a abandonar el sitio.
Fue en esos instantes, cuando arribó la UTO. Sin causa alguna,
dos de los agentes de la unidad especializada arremetieron contra
Nelson, a pesar de estar esposado.
Por 60 segundos, le dieron de puntapiés con todas sus fuerzas.
Lara no pudo defenderse. Transcurrido el minuto de paliza, los agentes
verificaron su gran error. Nelson estaba muerto.
Nadie de los presentes lo impidió. Los asesinos inventaron
una historia y acordaron que todos los presentes callarían
la verdad. Luego, quitaron las esposas a Lara y lo arrastraron hasta
el patio. Junto a él, depositaron un arma de grueso calibre
de su propiedad.
Para dar punto final a la escena, los homicidas elaboraron un informe
con la falsa historia y falsificaron las firmas de sus compañeros.
Evidencia de todos esos detalles fueron ofrecidas al Juez de Paz
de San Gerardo, durante la audiencia inicial que permitió
la huida de López Alvarado y Amaya.
El único condenado fue detenido, tras verificar que permanecía
en el país con sus familiares.
Fue una instancia judicial superior la que dejó din lugar
la resolución del Juez de Paz de San Gerardoy ordenó
la recaptura de los cinco imputados.
La autopsia
Los forenses calificaron el estado del cadáver como un caso
inusual, digno de estudio.
- Los 60 segundos de puntapiés que sufrió Nelson Lara
le ocasionaron la ruptura de la arteria aorta.
- Esto provocó que su corazón se dilatara tres veces
su tamaño (el peso normal es de 280 a 300 gramos, alcanzó
más de los 800 gramos).
- El hígado también presentó similar estado.
El peso normal es de mil 500 gramos. Llegó a pesar el doble.
- Asimismo, los homicidas le provocaron rompimiento de costillas
y golpes de consideración en diferentes partes del cuerpo.
- Medicina Legal solicitó la donación del corazón
y el hígado para someterlo a una serie de análisis.
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