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El argumento de una novela

Fui al cine. ¡Qué novedad! Bueno, para mí lo es, ya que espero que las películas lleguen al cable de la TV.

Por Lito Montalvo
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

La verdad es que me interesó ver el primer película hondureña. “Almas de la media noche”, se titula.Quiero ser constructivo. La cinta se basa en una leyenda de un pueblo casi fantasma de la rivera de lago Yojoa, leyenda netamente hondureña y si bien es cierto que es ficción, no se puede negar que fue bien adaptada a la película. Felicidades a los nuevos cineastas.

Los que escribimos novelas, –y este su amigo ha escrito varias y publicado algunas–, creemos, o por lo menos yo considero que el argumento es la parte esencial de la obra.

Anoche vi en el cable un pedazo de una película, no sé su título pues la vi a medias, pero se trata de un joven arquitecto que pierde a su amada esposa en un accidente. Ella, antes de morir dona sus órganos, más o menos al estilo que se hará en el DUI.

El joven de la película, dolido por la pérdida, rechaza conocer otras chicas para aliviar su pena, bajo la insistencia de sus amigos a olvidar a su amada esposa.

Sin embargo, el autor de la obra, le pone en el camino a una mujer bonita que no ha conseguido pareja, porque se siente acomplejada debido a una gran cicatriz en el pecho, producto de una operación de transplante de corazón.
Accidentalmente el autor enfrenta al joven con la chica que trabaja en el restaurante de su familia, que dicho sea de paso tiene un ambiente festivo italiano de una gran calidad humana. Esto es parte del adorno de la trama. Se conocen... amor a primera vista y ella acepta a todo sin vacilar, impulsada por el nuevo corazón donado.
La familia de ella también lo acepta, pero... El reciente amor que hace suspirar a los espectadores (en cuenta a Donlito) tiene un tropiezo.

El corazón que ahora palpita aceleradamente dentro del pecho de la chica, estimulada por la sencillez y atractivo del joven empresario, es el mismo corazón, y lo digo en el sentido anatómico, que palpitaba en el cuerpo de la difunta esposa y que fue donado.

El que escribió la obra, le pone el sabor sentimental, pues ninguno de los dos sabía que el corazón que nunca dejó de palpitar, le ha dado vida a ambas mujeres amadas por el mismo hombre. ¡Qué bonito!... no les contaré el final, no por mantenerlos en vilo, sino porque no lo vi. Supongo, sin temor a equivocarme, que después de una separación, como es lógico, el corazón palpitante los vuelve a unir.

A mí la película, además de dejarme un sabor agradable, me condujo mentalmente a un sinnúmero de interrogantes que pudo haber sucedido: Si a la inversa, la que perdió al compañero hubiese sido ella y el corazón del joven muerto hubiera ido a parar a otro joven que luego se enamorara de la viuda?
–Un poco complicado, a lo mejor ya se enchibolaron–

Quizá la situación no hubiera funcionado, porque pareciera que el corazón femenino está más en la disposición de amar, aunque el corazón carezca de sexo.

Será que los órganos tienen diferencia en cuanto al sexo? Será que el corazón femenino es más propicio al amor, y el hígado masculino a convertir el alcohol en glucosa?

¿Cómo se sentiría el alma o espíritu de la difunta al saber que su corazón le dio vida a una mujer que vendría a usurpar su puesto? ¿Se arrepentiría en el más allá?

El autor de la obra sabiamente no puso hijos en el medio, pues éstos hubiesen complicado la trama, al tener una mamá, una madrastra, pero el mismo corazón.

Sería menos tolerante el corazón del hombre a bombear sangre en un cuerpo que le quitaría a la mujer amada. Se negaría este corazón machista a bombear el vital liquido.

Esa es la ventaja que tiene el que escribe una obra, la puede adaptar y hacer con los protagonistas lo que le venga en gana.

La única condición es que el que ve la obra o la lee le guste, porque de lo contrario, está destinado al fracaso.
Yo tengo una pequeña novela que se podría fácilmente llevar a la pantalla, sin mucho gasto, no hay trasplante de corazón, ya que no se pueden hacer aquí en El Salvador, mucho menos ahora que estamos en huelga de corazones abiertos al diálogo.

No hay encuentros casuales, no hay cosas irreales, no hay matices políticos ni religiosos, es sencillamente una faceta de la vida real en este país con una dosis de humor, mas que un final que no se vislumbra hasta la última página de la obra...
Algún día. –Se vale soñar–, como algunos están soñando con una diputación, con una alcaldía o al menos con un huesito de concejal de alcaldía de pueblo.

Inserto
Una obra sin argumento es como una huelga sin diálogo

 

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