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Filosofía
común...
Analízate
Joaquín Cisneros*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El
hombre, al analizarse a sí mismo, vive la angustia de su
yo, y esta crece y se agiganta en los linderos de la anatomía
del ser, que grita, se estremece y tiembla.
Si tienes días plenos de gozo, y en ellos va lo mejor de
tu vida, toma de estas épocas la provisión justa para
mitigar los días de dolor que también pueden ir tras
de ti. Convéncete, humano, de que jamás tendréis
en tus días grises más consuelo que el recuento cuidadoso
y reflexivo de tus días de dicha y esperanza.
Analízate, hombre necio que reclamáis amor, ve hasta
la profundidad de tu yo y analiza cuanto amor has dado tú
para reclamarlo. Yo siempre he creído que el labriego recoge
mayor fruto en cuanto más ha segado y cuidado el campo, no
veis cómo el jardín florece con la abnegada labor
del jardinero.
Una interrogante de valor sería el preguntar si tú,
humano de las mil actitudes, has amado la verdad. Con ese amor que
no tiene fronteras estudiadas ni la conveniencia de los intereses
creados ni el valor de la dádiva que destruye el rostro de
la nobleza.
Tengo la intrigante creencia, mi querido amigo, que tú has
planificado tu vida sistemáticamente, has presupuestado todo
un porvenir, así como tu preparación para llegar al
éxito que en el mañana quieres para ti, pero nunca
has pensado en la posibilidad de un fracaso, el cual pudiera presentase
en el primer recodo del camino.
Quien planifica el hacer permanente, en función del triunfo,
me parece que ha tomado una loable actitud, sin embargo, la eventual
presencia del golpe no previsto, y ni siquiera sospechado, puede
causar en tu yo un amargo desengaño, que a lo mejor pudiere
tomar carta de naturalización.
Prever una dificultad no significa ser negativo, ello sólo
representa un punto de vista para apreciar las cosas; una franca
manifestación de reconocer que las vicisitudes existen, y
que como tal no es posible caminar confiadamente sobre vías
que se consideran sin escollos.
El dolor ajeno no nos conmueve, y mucho menos el que está
distante. ¡Analízate, humano! porque jamás te
explicarás por qué lloras cuando la víctima
sufre frente a tus ojos, y sólo te lamentas cuando el barco
se hunde en la lejanía, o cuando te cuentan que el suceso
se convirtió el tragedia.
El hombre, al analizarse a sí mismo, vive la angustia de
su yo, y esta crece y se agiganta en los linderos de la anatomía
del ser, que grita, se estremece y tiembla cuando la tempestad interior
vulnera la intensidad reflexiva, que es, sin duda alguna, el instante
en que nacerá una nueva verdad: es justamente cuando el yo
baraja las ideas y, sin conocer su alcance, quiere concluir en un
juicio o un raciocinio.
El yo tiene el íntimo deseo de buscar una explicación
simple a ese ir, venir y estar del mundo que lo rodea: desde el
vuelo fugaz de una ave pasajera, hasta la quietud del bosque solitario;
desde la inquieta mariposa que adorna la campiña, hasta el
riachuelo cristalino, que fluye entre el bosque y los escarpados;
si el análisis no fuere así, el yo sería como
el paso del tiempo, sin dejar una leyenda.
El yo no puede darle la espalda al mundo fuera de si, porque ese
es el espectro inmediato que le subyuga y que sin intención
expresa puede observar sigilosamente desde su ventana y, como un
sonámbulo e inmerso en sí mismo, siempre mira al exterior,
porque lo objetivo inmediato es el primer resplandor interior que
ilumina su interior, más allá de ser el simple espectador
de las cosas, sino que en plan de aprehenderlas. El no hacerlo sería
el primer escollo con el cual tropezaría el yo para llegar
al conocimiento.
Platón quería que el ateniense y la humanidad se conocieran
primero a sí mismos y después al mundo que les rodeaba:
las ideas emergiendo del yo representan el hilo milagroso e íntimo
que vincula el ser con el existir del mundo, más allá
de los linderos donde habita lo incognoscible.
Analízate humano de las mil actitudes generosas, y de las
otras mil que no lo son, y construye con ellas un surtidor de gestos
para cambiar el rostro a los días grises o la fisonomía
triste de los momentos que no han sido gratos: luego habréis
edificado un conocimiento infranqueable a tu yo, para ver a tu medida
el mundo que tenía en mente el pensamiento heleno.
El análisis del yo crea una pena ilimitada, porque quiere
conocer lo que jamás se ha conocido, sin embargo, esta receta
de filosofía griega es uno de los fantasmas atenienses que
aún moran en un Olimpo lejano de tradiciones eternas.
*Lic. en Contaduría Pública.
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