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Denuncias: 0... aún con delincuencia

En el Bajo Lempa hay delincuencia. La población la padece a diario, pero no la denuncia porque no cree en el sistema

El país
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com

Las estadísticas de la Policía son tajantes. No hay denuncias en el puesto de El Zamorano, donde 13 policías tienen la responsabilidad de brindar seguridad desde San Marcos Lempa hasta Isla de Méndez, en Jiquilisco. Ellos carecen de vehículo, y el teléfono casi nunca recibe llamadas, “por la posición”, dicen.

Esta realidad de “cero” delincuencia en una región donde habitan más de 30 mil personas es refutada en una reunión con líderes de las comunidades del Bajo Lempa, la semana pasada.
El encuentro tiene carácter de emergencia en la Asociación Cooperativa de Aprovisionamiento, Ahorro, Crédito “Marta González”. Analizan la crisis de los créditos para el negocio del ganado, porque las personas no pueden pagar las deudas de 7 mil a 10 mil colones. ¿La razón? Las bandas de cuatreros se llevan los animales.

El riesgo

“Hay una total incertidumbre en la zona”, resume Gabriel Rivera, del cantón La Noria, y para explicar por qué no se ponen denuncias, refiere un ejemplo: Se dio el caso de un robo de cuatro animales, alguien aviso que estaban en el tiangue de Zacatecoluca (en La Paz) y luego los habían metido al rastro. Los recuperaron, y la gente agarró a los cuatreros, que fueron entregados a la autoridad. A los tres meses estaban libres, y hoy la gente tiene problemas.

Una de las bandas más peligrosas opera en Cuche de Monte. Está formada por 18 sujetos que tienen el apoyo de “guías” locales que les facilitan la información. Usan armas hechizas, M-16, varias clases de fusiles y pistolas. “La autoridad no ha podido hacer nada”, comenta Santos Felipe Pérez, del cantón Zamorano.

A esto se suma una ola de raterismo. “La panadería de Nueva Esperanza la asaltaron, a la mujer que vende pescado también. Los asaltantes son de aquí mismo”, cuenta Pérez, quien detalla otro aspecto de la delincuencia que sumerge en el miedo a la gente: “hay extorsiones y, si no se cumplen, amenazan con secuestrar al hijo”.

El caso más grave es la comunidad de Sisiguayo. Las familias amenazadas de extorsión tuvieron que huir. Piden de diez mil colones para arriba. A veces, su “mala suerte” es tener parientes en Estados Unidos, pues los delincuentes creen que tienen dinero.

De acuerdo con la gente, las bandas son un mal viejo en el Bajo Lempa. Actualmente, las comunidades cierran filas y afirman que darían información si el sistema de seguridad y judicial funcionara. “Sabemos quiénes son, pero cómo decirlo”, concluye.

 

 

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