Turismo
 
Inicio del Sitio Lunes 7 de octubre
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

San Josemaría Escrivá
Para todos los hombres de todos los tiempos

Luis Fernández Cuervo*
E-mail: lfcuervo@tutopia.com

Como todos los grandes santos, Josemaría Escrivá tuvo que madurar su santidad, con alegría, paciencia y caridad

Ayer, 6 de octubre, el Papa Juan Pablo II canonizó a un nuevo santo: el sacerdote español Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. No voy a escribir sobre ese evento multitudinario y conmovedor. Otros se encargarán de ello. El presente artículo es como otros muchos míos, que aunque traten de temas de actualidad, procuran destacar, sobre todo, lo que tenga de esencial, universal y perenne. No escribo para los que ya conocen la personalidad de San Josemaría y su obra. Esto está escrito para aquellos que todavía no lo conocen e incluso para los que puedan tener algún reparo hacia su persona o su mensaje abierto a todos los hombres.

Conforme ahonda uno en la personalidad de San Josemaría y en su mensaje —ya realizado actualmente en una multitud de personas, familias y labores—, puede decirse, sin exageración, que la novedad de su pacífica revolución teológica, ascética y jurídica, es, efectivamente, un mensaje de amor y comprensión abierto a todos los hombres de todos los tiempos.
Me atrevo a escribir eso, porque el mensaje de este nuevo santo, precisamente por ser genuinamente católico, supone, como señaló el filósofo Cornelio Fabro, un modo de entender la libertad que es nuevo en la espiritualidad cristiana, unido además a un profundo sentido de la riqueza espiritual e igual dignidad de todos los hombres y mujeres. Me atrevo, porque él enseñó siempre que la cruz, el signo propio de los cristianos, debe ser también el signo aritmético de sumar, + , de unir y no de restar o dividir; porque “el mal no se combate con la violencia, que no es buena” —insistía— “ni para convencer ni para vencer”, sino que había que “ahogar el mal en abundancia de bien”.

“El Opus Dei” —decía— “desde que se fundó, no ha hecho nunca discriminaciones: trabaja y convive con todos, porque ve en cada persona un alma a la que hay que respetar y amar”. Igualdad porque “delante de Dios, como hombres, como criaturas, somos todos iguales”. En otras ocasiones señalaba: “Paz, verdad, unidad, justicia. ¡Qué difícil parece a veces la tarea de superar las barreras que impiden la convivencia humana! Y, sin embargo, los cristianos están llamados a realizar ese gran milagro de la fraternidad: conseguir, con la gracia de Dios que los hombres se traten cristianamente, llevando los unos las cargas de los otros, viviendo el mandamiento del amor, que es el vínculo de la perfección y resumen de la ley”.

Todo esto no se quedó sólo en ideas, sino que esa apertura a todos los hombres tiene, entre otras manifestaciones, la realidad de los cooperadores del Opus Dei, que sin pertenecer a la obra, atraídos por sus valores innegables, ayudan de diversas formas en las diversas tareas de formación personal y de asistencia social a los más necesitados. Novedoso fue el que la Santa Sede —después de insistir repetidamente el fundador de la obra— admitiera que gente de otras creencias religiosas, o sin religión alguna, pudieran contarse entre esos cooperadores. Por eso pudo decirle a Juan XXIII: “Padre Santo, en nuestra obra siempre han encontrado todos los hombres, católicos o no, un lugar amable: no he aprendido el ecumenismo de Vuestra Santidad”.
Como todos los grandes santos, Josemaría Escrivá tuvo que madurar su santidad, con alegría, paciencia y caridad, sobrellevando no sólo enfermedades y circunstancias adversas, sino, al principio, también calumnias y persecuciones, incluyendo las de algunos eclesiásticos. A esto último lo llamaba “la contradicción de los buenos”, pues suponía que dichas acusaciones falsas las harían “pensando estar haciendo algo agradable a Dios”. Y es que esa novedad esencial de su mensaje, que todos los seres humanos, hombres y mujeres, de cualquier raza, mentalidad, cultura y posición social, podían y debían aspirar a la perfección cristiana, buscando a Dios en su trabajo, en su familia y entre los afanes de su vida ordinaria, todo eso, dicho a partir de 1928, chocaba con la mentalidad extendida entre los católicos de aquel entonces, que pensaban que para aspirar a la santidad había que dejarlo todo y entrar en una orden o congregación religiosa.

El nuevo camino de “santidad en el mundo” debió abrirse poco a poco, contra corriente; pero, años más tarde, el Concilio Vaticano II vino a terminar de darle la razón en su Constitución dogmática “Lumen Gentium”, con su “llamado universal a la santidad” y con el reconocimiento, allí y en otros de sus documentos, del papel esencial que para la Iglesia tenía el apostolado de los laicos, es decir, el nuevo papel que correspondía a los cristianos corrientes —como son la gente del Opus Dei— en la vitalidad de la Iglesia y en el progreso de la sociedad.
San Josemaría no le tuvo miedo al mundo, lo amó y enseñó a amarlo apasionadamente, sin separar en la vida de los cristianos corrientes, lo religioso por un lado y lo humano por otro. Tampoco vio nunca oposición entre el progreso científico y la fe. Y no tuvo nunca miedo a la libertad, muy al contrario habló mucho y bien de la libertad: “Estamos obligados a defender la libertad de todos”. “Llevo toda mi vida predicando libertad personal, con personal responsabilidad”. “Cada día la amo más, la amo sobre todas las cosas terrenas: es un tesoro que no apreciaremos nunca bastante”. “La fe cristiana —señala en una de sus homilías— …nos lleva a ver el mundo como creación del Señor, a apreciar, por tanto, todo lo noble y todo lo bello, a reconocer la dignidad de cada persona, hecha a imagen de Dios y a admirar ese don especialísimo de la libertad, por la que somos dueños de nuestros propios actos y podemos —con la gracia del cielo— construir nuestro destino eterno”.
*Médico y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal