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El pequeño jardín de Quezaltepeque

Quezaltepeque, en el departamento de La Libertad, se caracteriza por la elaboración de flores de papel. “El Pequeño Jardín” es el nombre de una de las más grandes floristerías del lugar.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

Pasado mañana se celebra el día de los difuntos, por lo que miles de personas llevarán hasta las tumbas de sus familiares fallecidos fragantes coronas de cipreses y coloridas flores naturales o artificiales.
Para la ocasión, los mercados se inundan con llamativas coronas y ramos de flores de papel con estearina o parafina, que son los preferidos de mucha gente.

En nuestro país existe una población que se caracteriza por la elaboración de ese tipo de flores. Es Quezaltepeque, que cuenta en la actualidad con unas 30 floristerías. Una de las más reconocidas y antiguas es la llamada “El Pequeño Jardín”, que comenzó a funcionar en 1951.
Su propietaria es doña Zoila de Najarro, quien por más de medio siglo ha enseñado a otras personas el arte de hacer flores de papel.

La más grande

Esta floristería se encuentra en el centro de la ciudad, y en ella trabajan a tiempo completo ocho mujeres y tres hombres, incluyendo a don Rogelio Najarro, copropietario del negocio.

“Con mucha modestia puedo decir que esta floristería es la más grande de Quezaltepeque”, expresa don Rogelio, un hombre amable y de hablar ameno.

En este lugar se puede encontrar todos los días a habilidosas mujeres dando forma a las flores y a pequeños ramilletes. Ellas trabajan sentadas frente a canastas rebosantes de flores de todos los colores y diseños.
Algunas se encargan de forrar con papel delgados alambres, otras a pegar los pétalos y hojas de papel, y unas cuantas a formar pequeños ramos. Del grupo de floristas, solamente dos de ellas se dedican a aplicar la estearina a los ramos de flores.

Margaritas y narcisos

La fabricación de este tipo de flores no es tan sencilla como parece. Implica un largo proceso que inicia con la elección y el doblaje del papel “bond”.

Para la producción diaria se utilizan centenares de esos pliegos blancos que son cortados con fierros (cuñas) por los hombres. Posteriormente las hojas y los pétalos de diferentes figuras son pintados con anilina mezclada en agua. El encargado de pintarlos es don Rogelio.

“Los pétalos se pintan de muchos colores: rojos, amarillos, rosados y morados”, expresa el señor Najarro.
Después de colorearse y secarse las piezas de papel se procede a formar las rositas (“baby”), las margaritas y las narcisos. Pero antes los alambres que sirven de tallo se deben forrar con papel “kraft” o crespón. Al crearse cada flor con su respectivo tallo, algunas de las empleadas forman pequeños ramitos, que luego son unidos a otros.

La última fase del proceso es la aplicación de parafina o estearina.

En amplios peroles se derrite la parafina en agua hirviendo, y se introducen los ramos de flores. Inmediatamente después de sacarla de esa mezcla se les da un baño de agua fría.
“Con ese toque de parafina, las flores y las hojas quedan muy bonitas, con un brillo especial”, manifiesta doña Guadalupe Barahona, encargada de realizar esa fase del proceso.
La mayor parte de las flores elaboradas en la floristería es llevada hasta una sucursal ubicada en el mercado San Miguelito, de San Salvador.

Ahí son vendidas a otras floristas en ese centro comercial, quienes elaboran y venden las coronas y ramos. Si usted acude a cualquier cementerio de nuestro país y observa llamativas flores estearinadas no dude en pensar que más de alguna de ellas fue hecha por las floristas del “Pequeño Jardín”, de Quezaltepeque.

Flores todo el año


La floristas de esa ciudad no sólo realizan su trabajo durante los meses de octubre y noviembre. Este es un trabajo de todo el año.
Según doña Carmen Castillo, una de las empleadas del “ Pequeño Jardín”, la producción siempre es constante, aunque acepta que se incrementa semanas antes del día de los difuntos.
“Para esta temporada hacemos más flores de lo normal. Muchas veces nos llevamos el trabajo para nuestras casas”, comenta doña Carmen, quien se ha dedicado a esas labores desde que era niña.
El precio de los productos se mantiene para esas fechas. Cada de ramito de flores cuesta diez colones. Ese precio aumenta en los mercados.

 

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