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En
sintonía con Dios
Hijos amados y felices
Por el padre Eugenio Hoyos
email: FatherHoyos@ utinet.net
El
entender, guiar, y educar a los hijos en nuestra sociedad de hoy
es difícil pero no imposible. Requiere dedicación
y comprensión.
Los hijos necesitan padres que los eduquen, que contribuyan a construir
y elevar su auto estima, que en lugar de culparles por sus temores.
Tanto la excesiva tolerancia como el autoritarismo provocan en el
niño temores, baja autoestima, inseguridad, escasos recursos
para superar las tensiones e incapacidad para pensar por sí
mismos.
La disciplina es una forma especial de amor y los hijos necesitan
directrices claras de comportamiento marcadas desde una autoridad
firme razonada y cariñosa de los padres.
La mayoría de los especialistas está de acuerdo con
los siguiente para lograr que su hijo sea feliz:
- A sus hijos hay que enseñarles que existe Dios y que Dios
es un ser amoroso que somos sus hijos preferidos en la Creación.
- Los hijos tienen derecho pero también tienen deberes en
el hogar, la sociedad, la Iglesia, la escuela, etc.
- Conocerse, valorarse y apreciarse a sí mismo, le ayudará
a apreciar y valorar a los demás y establecer unas relaciones
más plenas y sólidas.
-Hacerles sentir nuestro amor y comprensión y valorarle,
estar atentos a destacar lo positivo y dedicarle suficiente tiempo
en cantidad y en calidad.
-El hijo tiene un proceso evolutivo. Es fundamental saber respetar
cada etapa de su desarrollo y adaptarnos a las características
físicas, psicológicas, y sociales típicas de
su edad.
- Motivar un desarrollo integral del niño como persona, es
decir, en múltiples aspectos como un sujeto bien equilibrado
e integrado y no motivarlo solamente como atleta, como intelectual,
o como un objeto de belleza.
- Enseñarle a ser "él mismo", a tener su
propia opinión y criterio.
- Hacerle ver que debe actuar según sus propios principios
y no estar pendiente del "qué dirán".
- Enseñarle valores morales y humanos como el respeto, el
amor, la generosidad, la sinceridad, la honradez, el dominio de
sí mismo, el entusiasmo, el esfuerzo, la solidaridad, el
amor al trabajo, el escuchar a los ancianos, el leer la Biblia,
etc.
- Que sienta el placer de dar, de salir de sí mismo a los
demás, de sentirse útil, etc.
Si tú amas a tus hijos, en vez de castigarlos habla con ellos
para que comprendan el error que han cometido y con el diálogo
sentirán el calor del hogar y serán verdaderamente
buenos hijos y felices.
¡Busca a Dios y piensa positivo!
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