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Una
deliciosa y crujiente cosecha
Una
de la frutas más deliciosas de esta temporada son los jocotes
de corona. La finca Bethania, en Sonsonate, posee uno de los jocotales
más grandes de nuestro país.
José Osmín Monge
El Diario de Hoy
FOTOS EDH/CÉSAR AVILÉS
vida@elsalvador.com
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Durante septiembre y octubre,
en los diferentes mercados se vende uno de los frutos más
exquisitos y coloridos: el jocote de corona. Foto
EDH
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Durante septiembre y octubre, en los diferentes mercados se vende
uno de los frutos más exquisitos y coloridos: el jocote de
corona.
Algunas personas consideran elevado el precio de esta fruta; sin
embargo, a otras no les importa pagar hasta un colón por
unidad con tal de disfrutar de su azucarada, jugosa y amarilla carne.
La mayoría proviene de las zonas altas de El Salvador, específicamente
de las faldas de algunas montañas y volcanes.
La finca Bethania, del cantón Las Lomas de San Marcelino,
en Sonsonate, es uno de los lugares más amplios donde se
cosechan jocotes de corona. Son aproximadamente 12 manzanas las
sembradas con tres mil árboles de esa especie.
Entre cafetales
En Bethania, en medio de verdes cafetales se encuentran los prodigiosos
árboles, en cuyas ramas se esconden y crecen las coloridas
frutas.
Durante la época de cosecha, entre la quietud que ofrece
el lugar se escucha el chasquido de los hojas; son los cortadores
que equipados con varas (carrizos) y cebaderas de pitas caminan
de rama en rama desprendiendo con mucho cuidado la exótica
fruta. Gracias a su experiencia y a su buen ojo saben
reconocer entre el follaje cuáles son los jocotes que ya
están aptos para ser cortados.
Según el señor Juan José Chávez, encargado
de la finca, la fruta de color verde debe tener por lo menos una
mancha de color morado para ser cortada. A este tipo de jocote se
le da el nombre de chapeado.
No se pueden cortar demasiado verdes. Si los jocotes con manchas
moradas se envuelven en papel periódico se maduran fácilmente.
Estos son los más dulces, explica el señor Chávez.
El terreno está cubierto de hojarasca y sobre él se
encuentran tirados por doquier muchos jocotes en estado de descomposición.
Algunos se encuentran ahí porque fueron arrancados por las
fuertes ráfagas que azotan el lugar o por los traviesos pájaros
que picotean el fruto para disfrutar de su néctar.
Muchos jocotes se desperdician, quedan tirados en el suelo.
Cuado llueve caen bastantes. Esa es una pérdida grande,
expresa don Juan.
De diferente calidad
Según el capataz, la cosecha de jocotes es muy productiva.
Este tipo de cultivo no necesita de mucho cuido. No requiere
de abono. Antes de comenzar la cosecha lo único que hacemos
es eliminar la maleza y cortar las ramas secas. También sembramos
vástagos (nuevos arbolitos), comenta el señor
Chávez.
Después de desprendidos los jocotes, estos son llevados a
una glorieta, donde son clasificados y contados por las habilidosas
manos de algunos trabajadores.
Aquí se lleva control de todo lo cortado, dice
don Juan.
En el piso de la glorieta se encuentran los montículos de
jocotes (verdes y maduros). Estos son separados según su
calidad. Los de primera son aquellos que no tienen ningún
golpe o picadura de pájaro; los de segunda son los magullados
y los rajados. Los precios de estos oscilan entre 10 y 35 colones
el ciento.
En años pasados, la mayor cantidad que se recolectó
fue de 28,000 jocotes. Este año, debido a las lluvias, la
cosecha ha bajado, comenta el capataz.
Al final de la tarde llegan hasta la finca Bethania los compradores,
luego ellos se encargan de revender en las plazas de Sonsonate al
llamado rey de los jocotes.
Trabajo peligroso
La corta de jocotes es un trabajo riesgoso, ya que los trabajadores
deben permanecer mucho tiempo en las copas de los árboles
cortando las frutas.
Ellos lo hacen sin ningún equipo contra accidentes y sin
tomar las medidas de seguridad necesarias.
En varias ocasiones, algunos cortadores ya han caído
de las ramas. Afortunadamente no habido casos que lamentar.
Aunque es un trabajo peligroso, las ganancias de los trabajadores
son muy buenas. A ellos se les paga ¢30 el mil de jocotes cortados.
Algunos trabajadores ganan hasta ¢700 a la semana, otros
obtienen ganancias de ¢75 diarios.
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