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En sintonía con Dios
Salvemos a la familia

Por el padre Eugenio Hoyos
email: FatherHoyos@ utinet.net

Hemos comenzado en los Estados Unidos la celebración de la Herencia Hispana y esta es una gran oportunidad para toda nuestra familia inmigrante para reflexionar acerca de nuestras tradiciones, nuestra fe, la música, nuestra raza, y sobre todo sobre los valores que hacen de nosotros los latinos seres especiales y únicos.

El aporte que por generaciones hemos hecho a esta nación ha sido fabuloso e invaluable. No sólo hemos aportado con nuestra mano de obra, sino intelectualmente en el campo de la educación, la medicina, el folklore y el liderazgo.
Pero, sobre todo, los hispanos nos hemos caracterizado y sobresalido por el amor y el valor que le damos a la familia.

De una familia tradicional compuesta de los abuelos, tíos, padres e hijos, todo ha cambiado por la explosión demográfica, por la necesidad de trabajar los dos miembros de la pareja, por falta de espacio para una casa amplia, por la liberación masculina y femenina, por la mala estipulación del contrato verbal matrimonial, por la aparición del divorcio, por el amor libre, por la manipulación de los gérmenes de la vida, la clonación, por el matrimonio civil, por la devaluación monetaria y por el salario mínimo. El hogar sagrado cambia a matrimonio hedonista y los dos hijos son planificables, desechables, repetibles, adoptables o recogibles.

Alvin Toffler explica: “La llegada del posmodernismo no significa el fin de la familia. Lo que significa es que la familia nuclear no puede ya servir de modelo ideal para la sociedad actual”.
Las naciones tecnológicamente avanzadas están llenas de una sorprendente variedad de formas familiares, comunas, grupos de personas que se reúnen para compartir gastos. Hay matrimonios contractuales, matrimonios seriales, etc.

Estamos saliendo de la era de la familia nuclear para entrar en una nueva sociedad caracterizada por la diversidad de vida familiar. La familia se acerca al naturalismo convirtiéndose en fórmula matemática de sociedad comercial y no de célula vital creadora y guardadora de vida, de la procreación y del ordenamiento social; esto cambia el sistema familiar y por consiguiente la concepción cristiana y jurídica de la sociedad, de su funcionalidad. De ahí el aborto, el divorcio, la separación de cuerpos y bienes, porque el contrato no es vincular sino de conveniencia y comercial.
La violencia tanto ideológica como social y hogareña se debe a estos cambios. Salvemos la familia. Busca a Dios y piensa positivo...

 

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