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Desesperación en zonas cafetaleras por la crisis

Para quienes viven del café, el cultivo significa tanto que la crisis les ha obligado a cambiar sus hábitos de vida y los de sus familias. Aquí le presentamos algunas historias concretas

Omar Cabrera
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com

Salvador Gomar, Berta Cáceres y Armando Escalante (de camiseta azul), narraron a este diario el drama que viven ante el desplome de precios del antes llamado “grano de oro”. Foto: EDH

Cafetales talados y ahora convertidos en lotificaciones. Casas donde antes vivieron colonos, abandonadas. Campesinos cargando pesados tercios de leña y tocando puertas en la ciudad, en busca de compradores. Estas son algunas de las facetas más dramáticas de la crisis del café en las zonas rurales.

La depresión está golpeando a cada uno según su nivel. Los jornaleros han perdido sus fuentes de trabajo en las fincas. De más está decir que del empleo depende el sustento material de la vida, comenzando por lo básico: la alimentación.

Cualquiera se pregunta ¿de qué viven ahora? La respuesta varía en cada caso. Muchos han emigrado a San Salvador o a Guatemala. Otros se rebuscan robando leña, frutas o animales de granja. Otros, han tenido que ceder en el machismo y aceptar que sus mujeres trabajen como domésticas, atendiendo niños o lavando y planchando ropa.

Por su parte, los cafetaleros, antes prósperos agricultores, están en quiebra. Sus palabras son elocuentes cuando describen la situación que están viviendo: “Estamos hundidos”.

El Diario de Hoy visitó algunas fincas en los alrededores de Ahuachapán, para conocer de primera mano el impacto de la crisis. A continuación le presentamos las historias de dos productores y dos jornaleros, contadas en primera persona solamente por razones estilísticas.

“Los beneficios nos deberían pagar mejor”
“Los pequeñitos piden de comer y nos da tristeza”
Armando Escalante, cafetalero
Luis Salazar, jornalero
Nosotros fuimos miembros de la primera cooperativa cafetalera que se fundó en el país. Creo que fue en la década de los 60. Se llamaba Cooperativa Ahuachapaneca de Pequeños y Medianos Productores y Exportadores de Café.
Estaba trabajando divinamente. Para construir nuestro propio beneficio, hace unos 10 años, prestamos ¢6 millones al banco. Transformábamos el café de uva a pergamino y de pergamino a oro. Llegamos a exportar 75,000 quintales de café de excelente calidad.
Los precios empezaron a bajar y a bajar. Los socios vieron que el beneficio no daba ganancias. Los beneficiadores y exportadores independientes usaron una estrategia de sacrificar sus utilidades para pagar mejores precios a nuestros socios. Como todos eran pequeñitos, optaron por irse con un beneficiador independiente. Así quebramos.
Crítica a los beneficios
Por los altos intereses de aquellos años, los ¢6 millones que prestamos se han convertido en ¢28 millones, que son los que debemos ahora.
Nosotros le pedimos al Gobierno que observe a los beneficiadores el canon de transformación que tienen y los precios que nos pagan, porque son muy usureros. Aún con los precios bajos, ellos están ganando. Y si los precios suben, nos cobran todavía más (por la transformación).
He logrado ir pagando mis deudas. El dinero lo hemos sacado de otra gaveta. Mi señora me tiene la lista de todo lo que me ha ido prestando de una tienda que pusimos cuando nos iba bien. Me ha dicho que también le voy a quebrar el negocio.
Hace cinco años uno encontraba trabajo en las fincas todo el tiempo. Había peinas (corte de maleza), poda de cafetos, poda de sombras.
Nos mantenían con aquellos precios de ¢15.75 diarios. Ahora, a los dos meses venimos a ganarnos unos diez colones, tal vez reparando alguna cosita en la casa del patrón.
Yo, por ejemplo, este año si he trabajado tres quincenas así en días separados ha sido bastante.
Hay gente que ya no trabaja sus fincas. Si vemos aquí por este lado, hay algunas que son breñales. Dicen que ya no les gastan más, porque el café no acredita. Dicen que gastan más en trabajo, que lo que recogen de café.
Quienes nos ha ayudado a nosotros son las amas de casa, que han tenido que salir a trabajar. Varias mujeres están sirviendo aquí en Ahuachapán.
Los niños quieren comer
Ahora la pobreza se ve más, como le decían ellos. Los hijos en el campo están sufriendo. Más que todo los pequeñitos, que son los que piden algo de comer, y si no les da, a uno le da tristeza.
Yo les digo que cuando yo estaba pequeño, en las fincas trabajábamos hasta los niños. Nos pagaban 8 centavos diarios. Ahora, los jóvenes no hallan trabajo.
Lo que muchos hacen es que se van a Guatemala, como aquí queda cerca. Hay otra gente que es honrada, pero que busca qué sacar. Roban leña o frutas de las fincas, para ir a vender. Esa gente antes trabajaba, pero hoy como no hay.
Lo que yo digo es que por los hijos uno tiene que ver cómo se rebusca.
“Los intereses son muy altos”
“He lotificado para pagar”
Salvador Gomar, cafetalero
Berta Cáceres, cafetalera
Nosotros no salimos de las deudas por los altos intereses. Ellos dicen que el Ficafé cobra el 6%; pero, si usted va al banco y le dice que quiere ampararse a eso, le cobran el 12%, porque dicen que el café es un riesgo. Por ejemplo, yo estoy pagando el 18% anual.
Esa tasa del 6% es para los beneficiadores, pero a nosotros no nos trasladan eso.
De la primera cuota del Ficafé, sólo he pagado el 75%. Afortunadamente, tengo tres hijos profesionales, que son los que me han ayudado a pagar. Lo único que estamos tratando de hacer es conservar la finca.
Cuando nos iba bien, los puse a estudiar en universidades privadas. Si ahora estuvieran pequeños, no podría hacerlo.
Desde hace unos cinco años, que ya no sacábamos para pagar, he tenido que vender 30 reses cada año.
Hemos vendido equipos de riego y hemos suspendido la luz eléctrica... todo lo bonito que teníamos en la propiedad.
De lo último que nos quedaba, este año hemos tenido que lotificar cincuenta manzanas. Nos quedan sesenta más.
De la venta del café, no alcanza para pagar. Yo no he logrado cancelar la primera cuota del Ficafé.
Ese otro crédito para sembrar frutas y maderables ya no lo podemos tomar porque es endeudarnos más.
El café no da para pagar. Nosotros nos hemos quedado con una parte del terreno, pero si esto sigue así quizás vamos a tener que vender.

 

 

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