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Mientras en las escuelas se celebraba el Día del Niño, la familia Berríos lloraba la muerte de uno de sus integrantes. Amílcar, de 17 años falleció el 30 de septiembre. Padecía distrofia muscular, una enfermedad que también sufren sus seis hermanos. Amílcar era un joven lleno de entusiasmo. Su padecimiento físico no lo desesperaba. Era más fuerte su fe católica. Son una familia muy pobre. Vivían en un cantón de Guatajiagua, en Morazán, hasta que un miembro de la PNC, el agente William Dávila, conoció su situación. Éste se interesó por buscar ayuda. Consiguió materiales de construcción donados y les hizo una casa en Chapeltique, San Miguel, a la que los trasladó en noviembre del año anterior. Ahí les llegaron donativos de víveres y ropa. Les donaron sillas de ruedas a todos los niños. Amílcar no pensaba en sus limitaciones. Más bien enfatizaba que la familia no se cansaba de agradecer a Dios por permitirles continuar juntos. La muerte El 30 de septiembre al mediodía, Amílcar murió. Su madre, Santos Berríos, recuerda las últimas palabras del menor Mamá, ya me voy, ya me vino a traer la Virgencita, cuide a mis hermanitos y que Dios la guarde. Sólo quedan recuerdos, pero son suficientes para hacer frente a la dura vida que tienen. El niño siempre fue muy devoto y cuando los trasladaron a su nueva vivienda, pidió que lo llevaran a conocer el templo local. El sacerdote Eugenio Hoyos viajó desde Estados Unidos para conocerlo, y organizaciones de salvadoreños residentes en ese país, les han ayudado. Sandra Delgado, quien es la encargada de gestionar ayuda para la familia entre quienes viven en Estados Unidos, estaba consternada. Era un niño especial no por su enfermedad, sino porque predicaba con el ejemplo, manifestó ayer. Fue la municipalidad de Ciudad Barrios la que donó el ataúd
para que lo sepultaran. Muchos vecinos llegaron ese día al
cementerio de Chapeltique para acompañar a la familia. |
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